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¿Camino de una primavera balcánica?

¿Camino de una primavera balcánica?
Miles de personas se manifiestan contra el Gobierno de Aleksandar Vučić en Belgrado en enero de 2019. Fuente: Tanja Bažalac

En los últimos cuatro meses, una parte significativa de la población de Serbia, Montenegro y Albania ha tomado las calles para protestar en contra del auge de la corrupción y de las élites políticas acomodadas en el poder desde hace décadas. ¿Llevarán por fin estas protestas a un proceso de democratización completa de los Balcanes?

Al contrario de lo que suele aparecer en los titulares cuando se trata de los Balcanes, la apertura de 2019 parece haber traído una bocanada de aire fresco a la región. A la firma del valeroso Acuerdo de Prespa entre Grecia y Macedonia para el cambio de la denominación oficial de esta última —ya conocida como Macedonia del Norte—, se le suman una serie de movilizaciones históricas en Serbia, Montenegro y Albania que son consideradas las más numerosas de la década. Aunque cada una de ellas tiene unas características específicas que responden al desarrollo político de cada país, podemos encontrar ciertos puntos en común; entre otros, la denuncia de la corrupción institucional, el rechazo al auge del autoritarismo político en la región y la demanda de una mayor libertad de prensa.

Para ampliar: “La larga disputa entre Grecia y Macedonia”, Andrea G. Rodríguez en El Orden Mundial, 2018

Esta nueva ola de protestas parece, además, traer de nuevo a escena el auge de la sociedad civil —especialmente en Montenegro y Serbia—, tan echada en falta en los Balcanes y que parecía anestesiada desde principios del siglo XXI con el derrocamiento del expresidente serbio Slobodan Milošević gracias, entre otras razones, al papel del movimiento Otpor! —‘resistencia’—. El mensaje parece claro: un proceso de democratización completa que deponga a las élites políticas y consolide Estados democráticos que devuelvan el poder a la ciudadanía. El hartazgo y la frustración de los manifestantes en las ciudades balcánicas responden al rampante retroceso democrático en la región, en especial a la pérdida de libertad de prensa y a una corrupción endémica que sigue siendo la norma del día a día. Además, es un aviso claro y directo a la Unión Europea, que prioriza la estabilidad en la región, en detrimento de Estados ampliamente democráticos: los hombres y socios fuertes de Bruselas en los Balcanes tienen los días contados.

Para ampliar: “La ampliación de la UE en los Balcanes Occidentales”, Pol Vila en El Orden Mundial, 2019

Los Balcanes en la calle

Un segmento importante de la población serbia ha sido el primero en tomar las calles del sureste europeo en diciembre de 2018, aunque a finales del año pasado Albania ya experimentó también una ola de protestas estudiantiles que se llevaron por delante a varios ministros del Gobierno socialista albanés. Los principales desencadenantes fueron la paliza a un diputado de la oposición en Serbia y la quema intencionada de la casa de un periodista crítico con el Gobierno de Aleksandar Vučić. La sociedad civil serbia se organizó de inmediato y el 8 de diciembre comenzaron las protestas más grandes de la década contra Vučić, su autoritarismo y el desgaste de la sociedad serbia. La respuesta de Vučić, sin embargo, fue acorde a su pragmatismo político para con la sociedad civil: expresó que ni aunque hubiese cinco millones de manifestantes cambiaría de rumbo político.  

A pesar de la negativa a sentarse a escuchar las demandas de los manifestantes, la sociedad civil serbia ha seguido saliendo a la calle en las principales ciudades del país todos los sábados con el eslogan “1 de 5 millones” (#1od5miliona). Entre las demandas de este movimiento está el fin del control de los medios de comunicación, lo que llevó el 16 de marzo a la ocupación del edificio de la Radiotelevisión Serbia, considerada un aparato del poder estatal desde los tiempos de Tito. Al frente de este asalto se encontraba el líder del partido de extrema derecha Dveri —‘puertas’—, Boško Obradović. Y es que con el paso del tiempo los partidos de la oposición, en especial la Alianza para Serbia, han adquirido un mayor protagonismo en detrimento de la sociedad civil.

Un padre y su hijo marchan durante las protestas contra Vučić en Belgrado en febrero de 2019. El cartel reza: “¡Esto no es normal!”. Fuente: Tanja Bažalac

Esta ola de protestas se ha extendido también a Montenegro desde principios de febrero en lo que ya se conocen como las movilizaciones más numerosas e importantes de la Historia reciente para el pequeño país balcánico. El detonante en este caso fue la filtración de imágenes que revelaban la corrupción de funcionarios de alto rango, incluida la oficina del presidente, Milo Đukanović. La réplica de los manifestantes siguió la tónica de las protestas en Serbia y desde entonces han venido organizándose a través de la sociedad civil. Sus demandas son muy similares: la renuncia de Đukanović —que ha dominado la escena política del país durante casi 30 años y se lo considera un hombre fuerte en Bruselas— y nuevas elecciones, un Estado libre de corrupción y unos medios de comunicación independientes.

En Albania las protestas empezaron a mediados de febrero. En ellas se pide también la dimisión del Gobierno socialista de Edi Rama; sin embargo, estas movilizaciones difieren de las de Serbia y Montenegro en sus acciones y liderazgo, ya que han sido especialmente violentas y están dirigidas por los partidos de la oposición. Además, en un intento de acorralar al Ejecutivo para precipitar elecciones anticipadas, los miembros de la oposición han renunciado a sus escaños, aunque sin éxito de momento. A diferencia de la situación actual en Serbia y Montenegro, la UE y varias embajadas europeas se han pronunciado tácitamente en contra de estas protestas, en especial por su carácter violento.

Un cambio político poco probable

Entonces, ¿pueden suponer estas protestas un cambio de rumbo político en la región? A corto plazo, nada parece indicarlo, ya que los líderes políticos siguen teniendo un margen de apoyo considerable; en el caso de Vučić, las últimas encuestas demuestran que tiene el apoyo de más de la mitad del electorado. Por tanto, aunque se precipitasen unas nuevas elecciones, es más que probable que Vučić saliese vencedor. Además, existe la posibilidad de que el Ejecutivo serbio reciba más presión por parte de los manifestantes. En este caso, si la presión llega desde la extrema derecha, que ya ha liderado alguna de estas marchas, existe el riesgo de que la situación empeore y el discurso de Vučić para resolver el intrincado asunto de Kosovo se endurezca, lo que aumentaría la inestabilidad en la región.

Para ampliar: “Kosovo y Serbia: enterrando los fantasmas de los Balcanes”, Pol Vila en El Orden Mundial, 2018

En cuanto a la situación en Albania y Montenegro, habrá que esperar a cómo evolucionan las protestas y si finalmente tienen lugar elecciones anticipadas que puedan cambiar el rumbo político de la región. La que sigue quedando en evidencia es la UE, que sigue apoyando unos líderes políticos pseudodemocráticos a costa de mantener el statu quo en la región y congelar el proceso de adhesión a la UE para estos países, una decisión desafortunada si se quiere fomentar el apego de los ciudadanos balcánicos a la UE. No obstante, estas protestas dejan una semilla importante para el futuro, como es la emergencia de una sociedad civil impetuosa en los Balcanes y un hartazgo político alejado de la división étnica que ya se manifestó en Bosnia en las protestas de 2018.