En los últimos cuatro años, Estados Unidos ha alterado las dinámicas geopolíticas de Oriente Próximo, una región en la que Washington está perdiendo influencia. El presidente Donald Trump fortaleció a sus aliados tradicionales, Israel y las monarquías del Golfo, dándoles mayor influencia regional apoyando grandes acuerdos entre ellos. Al mismo tiempo, Trump intentó aislar a Irán y enfrentarlo con los demás países de la región, y rompió el acuerdo nuclear pese a que Teherán lo estaba cumpliendo.
Varios de estos acuerdos contradicen los criterios de la ONU y el derecho internacional. Por ejemplo, el reconocimiento de los Altos del Golán sirios como territorio israelí, que la resolución 497 del Consejo de Seguridad de la ONU había declarado nulo, o el “acuerdo del siglo” para la paz entre palestinos e israelíes, que pretendió hacer oficiales los asentamientos ilegales israelíes en territorio palestino. También está el reciente reconocimiento del Sáhara Occidental como territorio marroquí, que se salta el consenso internacional sobre la necesidad de un referéndum de autodeterminación en ese territorio, aún considerado colonia por la ONU.
Estas son solo algunas de las medidas que el demócrata Joe Biden hereda como nuevo presidente. Si las enmienda, generará tensiones con Israel, y si las mantiene recibirá críticas del resto del mundo. Biden ya ha dejado claro que las relaciones en materia de seguridad y el apoyo a Israel continuarán, y que mantendrá algunos de los cambios más polémicos de la Administración Trump, como el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén.
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