Armas, Pegasus y rabinos: Israel a la conquista de África

Israel busca en África su reconocimiento como Estado. Para ello equiparó la persecución de los judíos al dominio europeo, ha penetrado con relaciones económicas y supedita los proyectos de cooperación al apoyo diplomático. Su apuesta reciente es vender armas y material de inteligencia.
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Armas, Pegasus y rabinos: Israel a la conquista de África
Fuente: Prime Minister of Israel (Flickr)

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“Israel ha vuelto a África. África regresa a Israel”. La primera gira de un primer ministro israelí en cincuenta años tenía una intención clara: desde aquel viaje de Benjamín Netanyahu en 2016, el Estado hebreo ha centrado parte de su política exterior en el continente. Insiste en recuperar las relaciones históricas y ofrece apoyo económico y militar a cambio de normalizar las relaciones.

Los vínculos entre Israel y países africanos son más fuertes que nunca, sobre todo después de que varios árabes, incluidos Marruecos y Sudán, lo reconocieran como Estado en 2020. La Unión Africana propuso en 2021 reestablecer veinte años después el estatus de Estado observador de Israel, de momento paralizado, ya que había restaurado relaciones diplomáticas con dos terceras partes de sus miembros. Estados africanos que antes defendían la causa palestina ahora ven en Israel un socio comercial y para la defensa, mientras reciben a políticos y empresarios que llevan inversiones como moneda de cambio para la diplomacia.

“Vuestra historia es en gran medida nuestra historia”

La relación entre Israel y los países africanos se remonta a la fundación del Estado hebreo en 1948. Aunque la mayoría del continente seguía bajo la colonización europea, Liberia o la Sudáfrica del apartheid reconocieron al nuevo país. Otros comenzaron una relación de cooperación y, a medida que empezaron a independizarse, aumentaron los reconocimientos oficiales.

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Una clave para Israel en África ha sido el judaísmo, componente fundamental de la identidad del país. Los Gobiernos israelíes lo han explotado a través de su historia de persecución: “Tenemos en muchos sentidos historias similares. Vuestras naciones trabajaron bajo el dominio extranjero. Habéis vivido guerras y matanzas horribles. Esta es en gran medida nuestra historia”, afirmó Netanyahu en 2016. Desde la Ley de Retorno de 1950, que concede la nacionalidad a los judíos que quieran establecerse en Israel, la migración ha servido para vender que cientos de miles de personas prefieren el Estado hebreo a sus países de origen. 

Pese a que el judaísmo en África es minoritario, se han asentado poblaciones judías. Quizás la más conocida es Beta Israel, en Etiopía. Un 80% de esta comunidad ya vive en Israel, buena parte tras haber llegado mediante operaciones secretas del Mosad. Solo con las operaciones Moisés, en 1984, y Salomón, en 1991, llegaron unos 30.000. Sin embargo, muchas de estas comunidades terminan discriminadas. En 2015, un tercio de los judíos africanos en el país vivían bajo el umbral de la pobreza y sus ingresos eran un 40% menos que la media nacional. Su situación ha provocado roces y enfrentamientos con las autoridades.

Cooperación a cambio de reconocimiento

Ya en 1958, la ministra de Exteriores y después primera ministra israelí, Golda Meir, afirmó que las visitas a África eran para “asegurarse votos en la ONU”. A principios de los años setenta Israel tenía relaciones con 33 países africanos. No obstante, la guerra de Yom Kipur en 1973 contra sus vecinos árabes le hizo retroceder en África. La mayoría de los Estados africanos rompieron lazos diplomáticos para mediados de la década, y muchos no los recuperaron hasta los Acuerdos de Oslo entre palestinos e israelíes en 1993.

A día de hoy, 48 de los 54 países africanos han reconocido en algún momento al Estado hebreo. Argelia, Túnez o Libia todavía se resisten a hacerlo. Los últimos acercamientos se han producido con Mauritania, Níger y Somalia. Además, el pasado febrero Chad inauguró su embajada en Tel Aviv con presencia de su presidente y se produjo la primera visita de un ministro de Exteriores israelí a Sudán. Muchos de estos países también mantienen relaciones económicas y de cooperación. La actividad económica de Israel, un país de nueve millones de habitantes, está presente en África a través de la industria del diamante, actividades mineras, energías renovables, empresas agrarias o la hostelería.

Al mismo tiempo, organismos como Mashav, la Agencia Israelí de Cooperación Internacional para el Desarrollo, dan formación por toda África en industria agroalimentaria, tecnología, salud o educación. Pero sus proyectos están ligados a la actividad diplomática. Por ejemplo, cuando Senegal copatrocinó en 2016 una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU contra los asentamientos israelíes en los territorios palestinos, Netanyahu retiró a su embajador en Dakar y canceló los proyectos de cooperación en el país.

La inteligencia israelí, a la conquista de África

El otro gran frente de Israel en África es la defensa. Los acuerdos de armamento han aumentado desde 2009 hasta superar los cien millones de dólares al año. Israel cuenta con una de las industrias militares más importantes del mundo y en los últimos veinte años ha vendido armas a quince países africanos, entre los que destacan Uganda, Sudáfrica o Marruecos. Este último caso es paradigmático. Pese a que Marruecos reconoció a Israel en 2020, le compraba armas desde hacía décadas. En 2021 se convirtió en el primer país árabe en firmar un acuerdo de cooperación militar con el Estado hebreo. Para Israel supuso acercarse a una potencia africana y al segundo país del continente con mayor gasto militar respecto al PIB.

Israel también entrena tropas de élite y vende material de inteligencia y espionaje a países africanos. Togo, Ruanda o Marruecos fueron acusados de espiar a políticos, periodistas y activistas con Pegasus, el sistema de espionaje de la empresa israelí NSO Group. Otras empresas prestan servicios a la inteligencia de la República Democrática del Congo, Nigeria, Etiopía o Sudáfrica. Esa influencia ha aumentado con el terrorismo convertido en un problema en el Sahel y el Cuerno de África. Los aviones no tripulados, la vigilancia o los sistemas de defensa aérea son clave para países que ven a Israel como el socio perfecto.

Mientras tanto, Israel ha encontrado las herramientas para penetrar en África, desde el discurso de una historia de opresión compartida hasta el pragmatismo militar. Hoy parte del continente ve al Estado hebreo como un actor más del tablero internacional, y el reconocimiento de algunos países árabes ha sido el empujón definitivo para oficializar la buena sintonía en la región. Entretanto, la causa palestina se asoma al ostracismo frente al pragmatismo de muchos de sus antiguos defensores y a la actividad diplomática de Israel, donde estos encuentran más beneficios.

Carlos Palomino

Gran Canaria, 1996. Graduado en Periodismo en la UCM y máster de Mundo Árabe e Islámico en la UB. Interesado en las zonas en conflicto y geopolítica, especialmente de la zona del Magreb y Oriente Próximo.