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La amenaza de un invierno sin calefacción acecha a Alemania y puede arrastrar a Europa. Los alemanes prevén que un corte indefinido del gas ruso les desate una crisis energética y económica. Sus peores presagios aparecieron a principios de julio, cuando Moscú anunció el cierre por mantenimiento del gasoducto Nord Stream 1, que conecta ambos países a través del mar Báltico. Tras días de incertidumbre se reanudó su actividad, pero Moscú ya ha anunciado que reducirá los envíos de gas en los próximos meses.
Ante este escenario, Berlín ha apelado a la “solidaridad europea”. El Gobierno alemán pretendía que la Comisión Europea aprobara un plan para reducir el consumo de gas un 15% hasta primavera, pero se encontró con la oposición de los países del sur. Desde el Mediterráneo han acusado a Alemania de “vivir por encima de sus posibilidades energéticas”, en alusión al argumento del norte que respaldó las políticas de austeridad durante la crisis de 2008. Pero a pesar de sus recelos, Francia, Portugal, Grecia o España tendrán que ayudar a Alemania si quieren evitar otra recesión.
La revancha de los PIGS
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