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La pandemia no ha traído a África subsahariana la cifra devastadora de muertes que se esperaba. La región solo tiene un 5% de los casos a nivel mundial y un 3% de las muertes, siendo un 17% de la población global. La ONU pronosticaba en abril al menos 300.000 muertes y que habría hasta 3,3 millones solo en 2020. Sin embargo, se cuentan alrededor de 35.000 muertes excluyendo los países del norte del continente. Los países peor situados han sido los más conectados con el exterior, especialmente Sudáfrica. Además, se ha erradicado la polio salvaje en todo el continente y la República Democrática del Congo quedó libre de ébola por primera vez en dos años, después de superar dos brotes. Otras noticias positivas son los acuerdos de paz en Sudán y Sudán del Sur o el cambio de poder pacífico en Malaui tras una repetición de elecciones.
Sin embargo, 2020 no fue un buen año para África subsahariana, empezando por la crisis económica. Sudáfrica se enfrenta a su peor recesión desde 1992 tras sufrir una caída del PIB del 51% en el segundo cuarto del año respecto al mismo periodo del año anterior. Su mala situación ha arrastrado al resto de países. Lastrada por el confinamiento y la falta de turismo internacional, la región sufrió en 2020 su primera recesión en veinticinco años, con una caída del 3,3% del PIB. Esta situación ha perjudicado la capacidad de los países para pagar su deuda externa, que en su mayoría está en manos de China, y esta se resiste a prolongar su congelación más allá de seis meses. Zambia ya es el primer país africano en incurrir en impago de deuda tras la pandemia, y otros como Angola, Chad o Ghana puedan ser los siguientes.
2020 tampoco ha sido un gran año en términos de paz y buena gobernanza para África. El lema del año de la Unión Africana era “silenciar las armas”, pero su uso resurgió en Etiopía y en el Sáhara Occidental, y ha empeorado en el norte de Mozambique, por el aumento de la actividad yihadista, y en países como Burkina Faso en el Sahel...
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