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“No se nace mujer, se llega a serlo”. Con esta cita, mundialmente conocida, Simone de Beauvoir sintetiza una máxima feminista: que el género está socialmente construido y no intrínsecamente ligado a los designios de la naturaleza. La importancia de su obra radica en la reivindicación de que la mujer ha sido tratada históricamente como la otra en comparación con el hombre, centro y referencia del mundo. Beauvoir resume las ambiciones de las mujeres de su época y constituye la piedra angular de las diferentes corrientes del feminismo contemporáneo.
Tras décadas de lucha por la igualdad, el feminismo ha conseguido numerosos avances sociales, como la despenalización del aborto o la prohibición de la mutilación genital, oponiéndose a férreas tradiciones y normal sociales que negaban dicho progreso. Debido a su carácter subversivo y a referentes como la propia Beauvoir, se ha situado tradicionalmente como un movimiento a la izquierda del espectro político. Dicho posicionamiento ideológico se ha materializado a menudo en una polarización partidista respecto a los derechos de las mujeres. En Estados Unidos, la introducción del feminismo en la agenda política comenzó en la década de los ochenta, tras la oleada conservadora antifeminista adoptada por Ronald Reagan, que forzó a los demócratas a apoyar ciertos postulados feministas.
Es por ello por lo que el discurso de Sarah Palin, candidata republicana a la vicepresidencia en las elecciones de 2008, ha marcado un antes y un después en el feminismo político. Palin, importante figura del movimiento antiabortista estadounidense, ha declarado en numerosas ocasiones su compromiso con el feminismo. Su particular lucha por la igualdad de género, con una defensa encarecida de la maternidad, la convierte en icono del movimiento conocido como feminismo conservador. Esta rama del feminismo, de existencia discutida, se caracteriza por rechazar los valores liberales tradicionalmente asociados al feminismo, como la libertad en cuanto a der...
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