La ultraderecha sigue aislada en Portugal gracias a la Revolución de los Claveles

El golpe de Estado impulsado hace cincuenta años por militares de izquierda tumbó la dictadura conservadora de Salazar y aisló a la ultraderecha en Portugal. Los principales partidos han mantenido el cordón sanitario desde entonces, pero el ascenso de Chega amenaza esa estrategia.
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La ultraderecha sigue aislada en Portugal gracias a la Revolución de los Claveles
Manifestación en Oporto en 1983 en conmemoración de la Revolución de los Clavales. Fuente: Henrique Teixeira (Wikimedia Commons)

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La Revolución de los Claveles cumple cincuenta años. Portugal conmemora el golpe de Estado pacífico que tumbó la dictadura conservadora del Estado Novo e inició la transición hacia la democracia. Medio siglo después, los ecos del 25 de abril de 1974 siguen retumbando en la política portuguesa. La caída del régimen instaurado por António de Oliveira Salazar propició el aislamiento de la ultraderecha, impulsado después por el consenso entre los dos principales partidos: el Partido Socialista (PS) de centroizquierda y el Partido Social Demócrata (PSD) de centroderecha.
La coordinación de las grandes formaciones convirtió a Portugal en el dique de contención de la derecha radical en Europa durante décadas. Sin embargo, el auge de Chega en los últimos años y su éxito en las elecciones generales del pasado marzo han acabado con esa excepción. La organización ultraderechista se ha consolidado como la tercera fuerza nacional, siendo la que más crece en votos. El primer ministro del PSD, Luís Montenegro, se ha mantenido reacio a pactar con ellos. Pero muchos temen que su crecimiento termine rompiendo uno de los principales legados de la revolución: el cordón sanitario a la ultraderecha.
Una ruptura total con la dictadura
A diferencia de países como España, donde la transición democrática se produjo desde dentro del régimen, la Revolución de los Claveles rompió con el salazarismo. La transición portuguesa se caracterizó en sus inicios por las purgas contra las élites de la dictadura y por la impronta izquierdista del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), la facción del Ejército que ejecutó el golpe. Entre 1974 y 1975, se impulsó la nacionalización de la banca y la mayor parte de la industria, y se inició la reforma agraria con la ocupación de tierras por parte de campesinos pobres.
El carácter izquierdista de la transición dificultó que los partidos de derecha pudieran institucionalizarse. Como resultado, surgió una derecha desvinculada de la dictadura. Las formaciones fun...

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David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.