Lo dejó claro en campaña: “Drill, baby, drill” (‘perfora, cariño, perfora’). El objetivo de Donald Trump es reducir los precios de la energía a la mitad en doce meses y, con ello, reducir también la inflación. Para ello, el presidente estadounidense ha anunciado su intención de aprobar nuevas concesiones de perforación petrolera, detener los litigios ambientales, aliviar la presión fiscal sobre las energéticas y revertir las recientes regulaciones de emisiones.
Ya en su primer mandato, Trump apostó por alcanzar lo que llamó el “dominio energético estadounidense”. Para ello permitió la construcción del oleoducto Keystone XL y reinició el Dakota Access, revirtió la prohibición de perforar en el Ártico y el Atlántico y revocó el Plan de Energía Limpia de Barack Obama, que buscaba reducir las emisiones en el sector eléctrico. Como guinda del pastel, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, medida que ha replicado tras volver a tomar posesión.
Las promesas de Trump se recogen en la llamada Agenda 47. Se trata de una lista de prioridades que comparte algunas ideas con el Proyecto 2025 creado por organizaciones conservadoras afines al republicano y que incluye medidas como acabar con todo tipo de protección climática. Sin embargo, Trump tendrá obstáculos a nivel nacional para sacarlas adelante y, en caso de conseguirlo, sus políticas perjudicarán no sólo al planeta, sino a Estados Unidos a nivel económico y geopolítico.
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