Desmontando el regimiento Azov: un movimiento más allá de nazis

Putin ha justificado la invasión de Ucrania bajo pretexto de “desnazificar” el país. En el centro de esta acusación, la propaganda rusa sitúa al regimiento Azov, una antigua milicia ultraderechista. No obstante, Azov ha perdido su carga ideológica y la implantación social del discurso ultra en Ucrania es mínima.
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Desmontando el regimiento Azov: un movimiento más allá de nazis
Miembro del regimiento especial Azov, de la Guardia Nacional ucraniana. Fuente: spoilt.exile (Flickr)

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Antorcha en mano, de uniforme y gritando proclamas nacionalistas, cientos de milicianos ucranianos marcharon sobre la plaza de la Independencia de Kiev en enero de 2018. Juraron que limpiarían las calles del tráfico de drogas, alcohol y apuestas ilegales. Eran las juventudes del partido ultraderechista Cuerpos Nacionales, fundado por veteranos del grupo paramilitar batallón Azov y relacionado con la extrema derecha internacional. El vídeo dio la vuelta al mundo.

Desde su creación en 2014, en la guerra del Donbás, el batallón Azov ha atraído la atención de los medios y el público internacionales, y también de la propaganda rusa. El Kremlin presenta a Ucrania como un país que simpatiza con la extrema derecha y justifica la invasión para “desnazificar” el Gobierno ucraniano. Pero este relato no se corresponde con la realidad y simplifica el fenómeno Azov. Hace años que el batallón fue integrado en las fuerzas armadas ucranianas y perdió gran parte de su carga ideológica. 

Azov, una milicia ultraderechista convertida en regimiento estatal

La situación en Ucrania era complicada a comienzos de 2014. Las protestas del Maidán echaron al presidente prorruso Víktor Yanukóvich en febrero, pero provocaron una reacción contraría en el este, en la región del Donbás, donde estalló una guerra separatista. Mientras el nuevo Ministerio de Defensa ucraniano daba sus primeros pasos, Rusia se anexionó la península de Crimea. Varios oficiales del desmoralizado ejército ucraniano desertaron al bando prorruso y en mayo las provincias orientales de Donetsk y Lugansk declararon su independencia.

El batallón Azov surgió en ese contexto de inestabilidad, como otras milicias ucranianas. Sin embargo, no nació en el Maidán, como suele pensarse, sino en el este, y tiempo después, en mayo. Esta confusión se debe a que la propaganda rusa ha insistido en atribuir un carácter fascista a las movilizaciones de Kiev. Otras organizaciones ultras como Svoboda o Práviy séctor (‘Sector Derecho’) sí participaron en las protestas, pero solo se unieron cuando estas se volvieron violentas, razón por la que fueron criticadas por el resto de manifestantes y han obtenido pobres resultados en las elecciones posteriores. 

Azov estaba compuesto en su mayor parte por ultraderechistas y neonazis, aunque también había ciudadanos sin filiación clara e incluso militantes de izquierda. Fue financiado por el oligarca judío Ígor Kolomoiski y promovido por el ministro del Interior, Arsén Avákov, como respuesta a los prorrusos en los primeros meses de la guerra en el Donbás. De entre sus líderes destaca Andréi Biletski, un neonazi a quien el Gobierno interino excarceló en febrero de 2014 junto con otros presos políticos y militantes de ultraderecha.

El grupo se dio a conocer por su ferocidad en el combate, clave para recuperar la ciudad de Mariúpol frente a los prorrusos en julio de ese año, y por su simbología neonazi. Con todo, al Gobierno ucraniano le pesó más lo primero: en noviembre, Avákov incorporó al batallón a las fuerzas armadas ucranianas convirtiéndolo en un regimiento de la refundada Guardia Nacional. El ministro también premió a algunos de sus líderes, como  Vadym Troyan, nombrado comisario de la Policía de Kiev. Pero aunque Azov conservó cierta autonomía, al institucionalizarse también perdió carga ideológica. Sus miembros más radicales no fueron admitidos en el regimiento e incluso si algunos de sus componentes actuales tengan ideologías extremistas, no puede decirse que la unidad sea de ultraderecha. 

https://elordenmundial.com/que-es-el-batallon-azov-la-unidad-militar-ucraniana-de-extrema-derecha/

En cuanto a Biletski, abandonó el batallón y se presentó a las elecciones parlamentarias de octubre de 2014 como candidato independiente. Consiguió su escaño pero no por ser nombrado a dedo, como se ha dicho, sino con gran apoyo electoral. No obstante, quizá se deba a que  el canal 1+1, segundo en audiencia en Ucrania y propiedad de Kolomoiski, promovió su candidatura destacando su papel en los primeros meses de la guerra, y a que la ciudadanía no tenía mucha información sobre su perfil ideológico.

La nebulosa ultraderechista heredera de Azov

Desde que el batallón se institucionalizó, la ultraderecha ucraniana ha tomado otros caminos. Biletski fundó en 2016 un  partido sin relación con Azov: los Cuerpos Nacionales. La formación, a medio camino entre la ultraderecha europea y el neofascismo, acusaba al Gobierno de pasividad ante el conflicto del Donbás. Nunca ha gozado de apoyo popular, pero sí ha establecido vínculos con supremacistas estadounidenses y otras formaciones antirrusas de ultraderecha.

Tras la fundación del partido han surgido otras iniciativas relacionadas, siempre con vínculos difusos y una jerarquía poco clara. Las más conocidas son el Club Reconquista, un gimnasio que ha acogido a miembros de la extrema derecha internacional relacionados con las artes marciales mixtas, o las juventudes del partido, que recibieron 17.000 dólares del Gobierno de Petró Poroshenko en 2019. Y, sobre todo, los Escuadrones Nacionales, una milicia que incluye a veteranos del antiguo batallón Azov y es responsable al menos de destruir un campamento romaní en 2018. Ahora ha surgido otra milicia, Centuria, que estaría compuesta por miembros jóvenes de los Escuadrones y cuyo objetivo era infiltrarse en el Ejército ucraniano.

Algunos analistas consideran que la presencia de los Escuadrones Nacionales y otras organizaciones afines implica que las autoridades les conceden carta blanca. Pero en realidad incluso Avákov, conocido por sus vínculos con grupos de ultraderecha, los condenó públicamente. Tras la destrucción del campamento, la Policía pasó de restar importancia a estos grupos, como denunciaban distintas ONG, a adoptar un discurso más duro, condenar su persecución de minorías étnicas y personas LGTB e incluso a enfrentarse a ellos en manifestaciones.

Y a pesar de esta presencia de la ultraderecha en las calles y de que sigue siendo atractiva para jóvenes antisistema, las elecciones de 2019 demostraron su poco apoyo popular. Los Cuerpos Nacionales se presentaron al Parlamento en coalición con Sector Derecho, pero consiguieron un escaso 2% del voto que les quitó el único escaño que tenían, el de Biletski. 

La propaganda rusa recupera el fantasma de Azov

Desde la transformación de Azov de batallón paramilitar a regimiento oficial, más que nazificar las instituciones ucranianas, son estas las que han “desnazificado” al grupo. No es extraño: en la última década, las organizaciones de extrema derecha en Europa han tendido a moderarse al entrar en parlamentos y Gobiernos. El regimiento ahora suma entre 3.500 y 5.000 efectivos, y no todos tienen ideologías extremistas. La sociedad ucraniana tampoco está “nazificada”: lleva rechazando a la extrema derecha en la urnas desde  2014. 

Sin embargo, con la invasión rusa de Ucrania en 2022, la propaganda rusa ha vuelto a hacer de Azov uno de sus caballos de batalla, ignorando la trayectoria y complejidad del movimiento. La conversación se centra en los grupos ultraderechistas ucranianos, atribuyéndoles más influencia sobre el Gobierno y la población ucranianos de la que tienen. Pero la principal amenaza a la que se enfrenta Ucrania ahora no es esa, sino la guerra y después la reconstrucción de un país en ruinas.

Arsenio Cuenca

Licenciado en Sociología por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Máster 1 en Geopolítica y Máster 2 en Ciberestrategia por el Instituto Francés de Geopolítica (París). Doctorando de la EPHE/CNRS (París). Estudio los extremismos, internet y la intersección entre ambos.