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¿Qué pasa si un presidente de Estados Unidos muere, renuncia o queda incapacitado?

¿Qué pasa si un presidente de Estados Unidos muere, renuncia o queda incapacitado?
El Presidente Kennedy en minutos antes de su asesinato en Dallas, Texas. Fuente: Walt Cisco, Dallas Morning News (Wikimedia)

El presidente de Estados Unidos es considerado la persona más poderosa del mundo. ¿Qué pasa si es asesinado, renuncia o queda incapacitado para ejercer el cargo?

La muerte de un presidente de Estados Unidos en el ejercicio de su cargo es un escenario que ya contemplaron los padres fundadores, que lo recogieron en la Constitución del país. El artículo II prevé que ante la muerte, renuncia o incapacidad del presidente, el vicepresidente ocupará la presidencia hasta las siguientes elecciones. La sucesión presidencial se puso en marcha, entre otras ocasiones, tras el asesinato de Abraham Lincoln en 1865, sucedido por su vicepresidente, Andrew Johnson; o con la llegada de Harry Truman a la presidencia en 1945 tras la muerte de F. D. Roosevelt.

Sin embargo, este sencillo mecanismo dejó sin resolver ciertas ambigüedades que generaron problemas más adelante, como el propio Truman puso de manifiesto a su llegada al poder. No estaba claramente definido qué se consideraba incapacidad del presidente, ni tampoco si su sucesor ocupaba la presidencia en funciones o, por el contrario, se convertía en un presidente de pleno derecho con capacidad de nombrar a su propio vicepresidente. Además, se había previsto una línea de sucesión por si el vicepresidente tampoco pudiera asumir el cargo, pero esta se había cambiado varias veces.

La línea de sucesión actual se estableció con una reforma aprobada en 1947, durante el mandato de Truman. Después del vicepresidente, la sucesión continúa con el presidente de la Cámara de Representantes y, después, por el presidente pro tempore del Senado. Si todos ellos renuncian, mueren o quedan inhabilitados para el cargo, la sucesión recaería sobre los miembros del Gabinete presidencial, empezando por quien dirija el departamento de creación más antigua, la Secretaría de Estado, hasta el más reciente, la Secretaría de Seguridad Nacional. 

Las otras dos cuestiones se solucionaron con la XXV Enmienda de la Constitución, que estableció que el vicepresidente asumiría la presidencia de pleno derecho, y no en funciones, e implantó un sistema para declarar la incapacidad del presidente. Esta enmienda fue aprobada por el Congreso en 1965, después de que el asesinato de J. F. Kennedy —a quien sucedió su vicepresidente, Lyndon B. Johnson— volviera a demostrar la necesidad de aclarar los procedimientos de sucesión. 

Dado que ocupa el cargo de pleno derecho, un presidente que haya accedido al cargo tras la muerte o incapacidad de su antecesor podría presentarse a la reelección. La XXII Enmienda de 1947, que establece la limitación de dos mandatos presidenciales, prohíbe que un presidente que haya ocupado el cargo durante dos años o más del mandato de su antecesor sea elegido más de una vez. Por el contrario, si ha ocupado menos de dos años, se le aplica el límite habitual y podrá ser elegido para dos mandatos más. 

La única ambigüedad que queda sin resolver es qué representa una incapacidad del presidente y qué no. El propio presidente puede declararse incapaz comunicándolo por escrito a los presidentes del Senado y de la Cámara de Representantes, como ocurrió en 1985, cuando el vicepresidente George W. H. Bush ocupó la presidencia por unas horas mientras Ronald Reagan se sometía a una operación quirúrgica. La incapacidad también puede declararse con el voto favorable del vicepresidente y la mayoría del gabinete presidencial cuando el presidente fuera incapaz de gobernar pero no quisiera o pudiera renunciar, por ejemplo porque tuviera demencia o estuviera en coma. Si la incapacidad se resuelve, los mismos dos mecanismos sirven para que el presidente retome su cargo. Con todo, nada en la ley obliga a un presidente a abandonar el poder o a su gabinete a declararle incapaz aunque esté sufriendo una grave enfermedad.

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