El techo de deuda de Estados Unidos es el dinero total que el Gobierno puede pedir prestado para cumplir con sus obligaciones vigentes. El Congreso, que autoriza al Departamento del Tesoro para emitir deuda, se encarga de fijarlo, aumentarlo o suspenderlo. Por su parte, el Tesoro puede recurrir a medidas extraordinarias para financiar sus gastos si alcanza ese techo sin que el Legislativo lo haya subido. Si aún así el Gobierno tiene pagos pendientes, Estados Unidos entraría en impago o default, lo que provocaría una crisis económica que afectaría al resto del mundo. Por tanto, el Ejecutivo lo tiene en cuenta en su política fiscal, ajustando los gastos e impuestos para mantener los déficits bajo control y el nivel de deuda estable.
Las crisis de techo de deuda
La Constitución de 1789 estableció que el Congreso debe autorizar las emisiones de deuda de Estados Unidos. Esta facultad se modificó en 1917, cuando el Gobierno implantó el techo de deuda para mantener su control durante la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, el Congreso lo ha subido decenas de veces, gracias a los acuerdos entre ambos partidos antes de la fecha límite o “fecha X”. No obstante, en 1979 hubo un breve default por motivos técnicos que retrasaron ciertos pagos, pero que conllevaron pérdidas de miles de millones de dólares.
La crisis más grave del techo de deuda de Estados Unidos sucedió en 2011. Ese año los políticos alcanzaron un acuerdo de última hora, pero la calificación crediticia del país cayó por primera vez. En 2013 hubo otra crisis, pero se solventó con medidas extraordinarias del Tesoro, como dejar de financiar fondos de jubilación o de sanidad, una suspensión temporal del límite y su posterior elevación. La última vez que se aumentó el techo de deuda en Estados Unidos fue en 2021.
El tiempo corre para Biden
Estados Unidos volvió a alcanzar su techo de deuda, fijado en 31,4 billones de dólares, el pasado 19 de enero. Desde entonces el Departamento del Tesoro ha recurrido a medidas extraordinarias, como suspender la emisión de deuda. La nueva fecha X en el Congreso es el próximo 1 de junio. Si no hay un acuerdo entre el Partido Demócrata y el Republicano para entonces, el Gobierno se quedaría sin liquidez de emergencia y no podría hacer frente a pagos ineludibles o garantizar, por ejemplo, el seguro por desempleo.
Sin embargo, el acuerdo se ha estancado por las exigencias de recortes en el gasto público por parte de los republicanos. Asimismo, estos son mayoría en la Cámara de Representantes y los demócratas en el Senado, lo cual también bloquea la subida del techo de deuda. Acercarse a la fecha X está perjudicando los mercados financieros, con aumentos en las primas de riesgo y de los rendimientos de las letras del Tesoro con vencimiento cercano al 1 de junio.
¿Qué pasa si Estados Unidos entra en default?
Existe consenso entre los economistas de que superar el techo de deuda podría ser catastrófico para Estados Unidos. La falta de expectativas afectaría a los mercados financieros y el precio de las acciones caería. Consumidores y empresas perderían confianza y se contraería el acceso a los mercados de crédito privado. El impago puede suspender los sueldos de los funcionarios, las prestaciones a los jubilados o los subsidios a personas con necesidades. La Oficina de Presupuesto del Congreso y el Departamento del Tesoro estiman que el mercado de valores caería un 45%. Por otro lado, el Consejo de Asesores Económicos e investigadores externos muestran que si el incumplimiento se prolonga se perderían 8,3 millones de trabajos, el desempleo aumentaría en cinco puntos porcentuales y el PIB caería un 6,1% anual.
A su vez, el impago podría devaluar el dólar, afectando los tipos de cambio, los precios del petróleo y de las materias primas. Por tanto, el comercio internacional se encarecería, y el desabastecimiento dificultaría el consumo y la inversión. Estados Unidos perdería su reputación como pagador solvente, lo cual afectaría las bolsas internacionales. La falta de confianza en el dólar como moneda de reserva mundial supondría que los inversores se deshicieran de bonos estadounidenses, por el aumento de los tipos de interés. Los países con más bonos estadounidenses son Japón, China, el Reino Unido, Bélgica y Luxemburgo.