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Una declaración de guerra es la aprobación y anuncio oficial por parte de un Estado de su intención de comenzar hostilidades armadas contra otro. Ha sido un instrumento diplomático histórico y suele darse después de un ultimátum o un conjunto de demandas. Los requisitos para establecer una declaración de guerra varían entre países. Por ejemplo, en Estados Unidos la Constitución otorga este poder al Congreso, mientras que en el Reino Unido es una prerrogativa de la Corona ejercida por el primer ministro.
De la Antigüedad a las guerras mundiales
Las declaraciones de guerra han precedido conflictos desde la Antigüedad. Dos ejemplos fueron el de Esparta y sus aliados contra Atenas, en la guerra del Peloponeso, y el de Roma contra Cartago en las guerras Púnicas. Ya en la Edad Media, hubo declaraciones de guerra en la guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, así como en la Reconquista o en las Cruzadas. En la Edad Moderna, declaraciones de reyes como Luis XIV de Francia expresaban la voluntad real de emprender campañas militares.
No obstante, este instrumento llegó a su punto álgido con la Primera Guerra Mundial, que comenzó con una sucesión de declaraciones de guerra: el Imperio austrohúngaro a Serbia, Alemania a Rusia, el Reino Unido a Alemania, entre otras. En cambio, la Segunda Guerra Mundial empezó con la invasión nazi de Polonia sin aviso previo, lo que llevó a Francia y al Reino Unido a declararle la guerra a Alemania.
Qué dice el derecho internacional
Para entonces, las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907 habían sido un primer punto de inflexión para la diplomacia sobre las declaraciones de guerra. Antes de abrir hostilidades, las potencias firmantes debían emitir una declaración de guerra razonada o un ultimátum acompañado de condiciones equivalentes. Este mecanismo buscaba formalizar el inicio de las hostilidades y otorgar la posibilidad de negociar. Sin embargo, las guerras mundiales mostraron la dificultad de mantener estas formalidades.
Otro cambio paradigmático llegó con la Carta de Naciones Unidas de 1945. El documento base de la ONU prohíbe el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, excepto en casos de legítima defensa o cuando sea autorizado por el Consejo de Seguridad. El cambio impactó en cómo los Estados conciben y justifican el uso de la fuerza, desplazando el énfasis hacia la solución pacífica y a mantener la paz y la seguridad internacional, así como a un lenguaje diplomático y legalista en las resoluciones del Consejo de Seguridad.
La declaración de guerra, un instrumento cada vez menos frecuente
Desde entonces, las declaraciones de guerra han ido a menos, pero eso no significó que dejase de haber conflictos. Por ejemplo, en la guerra de Corea, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó una acción militar para repeler una invasión norcoreana al sur. En la guerra de Vietnam tampoco hubo una declaración de Estados Unidos antes de su entrada de lleno en 1965. Por su parte, en la guerra del Golfo, una coalición liderada por Washington actuó con autorización del Consejo para liberar Kuwait de la ocupación iraquí.
Las guerras árabe-israelíes también reflejan el desuso de las declaraciones de guerra. El nacimiento del Estado de Israel en 1948 fue seguido por una invasión sorpresa por parte de los países árabes vecinos. Por su parte, la guerra de los Seis Días y la guerra de Yom Kipur comenzaron con hostilidades acompañadas de declaraciones públicas, pero no de declaraciones de guerra formales. Más recientemente, tras el ataque de Hamás en octubre de 2023, el Gobierno de Israel respondió declarando el estado de guerra e iniciando una ofensiva sobre Gaza.
En esa línea, las declaraciones de guerra en las últimas décadas han tendido a ser otras manifestaciones políticas o institucionales que preceden a una acción militar. Por ejemplo, tras el 11S, Estados Unidos lanzó la operación Libertad Duradera contra Afganistán. Aunque no hubo una declaración de guerra, el Congreso estadounidense autorizó el uso de la fuerza contra los responsables de los ataques. Lo mismo ocurrió en 2003 con la aprobación para invadir Irak alegando que el régimen tenía armas de destrucción masiva.
De igual manera, Rusia no le declaró la guerra a Ucrania, pero su anexión de Crimea en 2014 y su invasión en 2022 han sido reconocidas como agresiones. Así, las declaraciones de guerra se han reducido adaptándose a un contexto internacional donde las acciones armadas a menudo se enmarcan en términos de “intervenciones” u “operaciones”, lucha contra el terrorismo o defensa de la seguridad nacional.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.