Trump ya ha declarado que las elecciones presidenciales de noviembre serán “las más amañadas de la historia” debido al voto por correo. A causa de la pandemia, muchos estados han facilitado el voto a distancia para minimizar el riesgo de contagios y evitar que los ciudadanos de grupos de riesgo no voten por miedo al virus. En algunos lugares las autoridades han llegado a enviar papeletas a las casas, algo que el presidente considera una “estafa” que será aprovechada por los demócratas y las potencias extranjeras para alterar el resultado.
Es extraño que Trump demonice el voto por correo porque tanto él como su familia, su vicepresidente y buena parte de su Gobierno votan de ese modo. Sin embargo, más allá de su conducta personal, los argumentos que usa se llevan mal con la realidad. En tres estados que han usado el voto por correo universal en las últimas dos elecciones, las autoridades apenas tienen sospechas de fraude en el 0,0025% de los votos emitidos. Y el FBI dice que no sabe nada del intento de potencias extranjeras de aprovecharse del voto por correo, una afirmación que ha disgustado bastante al presidente.
Muchos se han preguntado si detrás de las insistentes declaraciones de Trump sobre el voto por correo hay un intento de deslegitimar las elecciones para no aceptar el resultado y perpetuarse en el poder, o si el presidente está fabricando un relato para salvar su ego si pierde. Tal vez es algo más simple y solo trata de desincentivar el voto por correo porque, según él, “no le va bien a los republicanos”. Eso explicaría que Trump haga una excepción con Florida, un estado clave en las elecciones donde a los conservadores sí les va bien el voto por correo, y ahí sí recomiende usarlo porque “el sistema es seguro”.
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