Desde el año 2015, en plena crisis de refugiados, la Unión Europea ha ido firmando distintos tratados y memorandos con terceros países para delegar en estas autoridades la responsabilidad de frenar a los migrantes en su ruta hacia Europa, un fenómeno que se conoce como “externalización de las fronteras”. Es el caso del pacto con Turquía de 2016, el memorando entre Italia y Libia de 2017 o las distintas operaciones llevadas a cabo en el Mediterráneo. La estrategia está logrando su objetivo, puesto que la llegada de migrantes a las costas europeas se ha ido reduciendo desde hace tres años. En los tres primeros meses de 2019 el número de migrantes que alcanzaron Europa por el Mediterráneo fue de 15.900, un 17 % menos que en el mismo periodo de 2018. No obstante, estas son unas cifras engañosas, puesto que ha aumentado la peligrosidad de la ruta: ahora hay menos personas aventurándose al viaje, pero es más probable que mueran durante el mismo.
Para ampliar: “Las fronteras europeas se desplazan hacia el sur” Alicia García en El Orden Mundial, 2018
Durante este año, ante la falta de una estrategia común por el enfrentamiento entre países, la UE ha optado por continuar reforzando y apoyando el entramado de fronteras externas construidas recientemente. Es el caso de Libia, principal país de la ruta central mediterránea donde se calcula que unas 800.000 personas se encuentran actualmente retenidas en su travesía al norte. Aquí la Comisión Europea mantiene tanto el apoyo financiero como logístico a la Guardia Costera Libia para que intercepte a los refugiados y los devuelva a Libia, donde con toda seguridad acabarán en centros de detención.
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