La creación de un ejército europeo es una realidad poco probable, al menos a corto plazo. El comienzo de la invasión rusa de Ucrania en 2022 revivió el debate sobre la defensa europea. Tras casi tres años de combates, el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos ha iniciado conversaciones con Rusia para un posible acuerdo de paz. Sin embargo, el acercamiento ha dejado fuera a la Unión Europea y a Ucrania, cuyo presidente, Volodímir Zelenski, ha pedido la creación de un ejército europeo.
Esta iniciativa ha existido desde los orígenes de la Unión Europea. De hecho, en 1954, los miembros de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero trataron de integrarse militarmente creando la Comunidad Europea de Defensa, pero el proyecto fracasó por la negativa de Francia. Hoy en día, el presidente francés Emmanuel Macron o la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, han apoyado la creación de un ejército europeo, mientras que los Gobiernos de Polonia o República Checa lo han rechazado.
Las dificultades para crear un ejército europeo
Crear un ejército europeo sería muy complicado por varias razones. En primer lugar, tanto la defensa como la seguridad son sectores estratégicos que forman parte de las competencias principales de cada Estado. Si la integración económica y política ya limita su soberanía, la integración militar la reduciría aún más, una línea roja que muchos no estarían dispuestos a ceder. Otra dificultad para crear un Ejército europeo es la existencia de la OTAN. Desde su creación en 1949 y bajo el liderazgo de Estados Unidos, la Alianza Atlántica ha sido el pilar fundamental de la defensa europea. De los 32 miembros de la organización, veintitrés pertenecen a la UE, y sus tropas y armamento están a disposición del grupo.
De igual manera, la falta de consenso dentro del bloque comunitario dificulta la creación de un ejército europeo. Los procesos de toma de decisiones en la UE, caracterizados por la unanimidad necesaria en el Consejo Europeo, afectarían a la eficacia y el alcance de un ejército conjunto. Además, cada país tiene distintas prioridades estratégicas, que también dependen de su ubicación geográfica y de su propio contexto histórico. Por ejemplo, las políticas de seguridad y defensa de España o Italia, que miran al Mediterráneo, difieren de las de Polonia o los países del Báltico, más pendientes de la amenaza que les supone Rusia.
En esa línea, la creación de un ejército europeo tendría otras barreras claras en la inversión y la logística necesarias que supondría. Los países invierten millones de euros al año para mantener sus ejércitos, por lo que crear unas fuerzas armadas conjuntas podría requerir una inversión todavía mayor y una coordinación más compleja por parte de los Estados miembros. Además, la inversión en defensa difiere entre cada Estado, lo que podría ser otro foco de debate.
Hacia un mayor gasto e integración en defensa
Aunque no tiene un ejército propio, en Europa se han dado pasos hacia una mayor cooperación en defensa. Ya en 1992 Francia y Alemania crearon el Eurocuerpo, un cuartel general con fuerzas a disposición de la UE y la OTAN al que se han sumado varios países, entre ellos España. Por su parte, un pilar de la UE ha sido la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). En ese marco se fundó en 2004 la Agencia de Defensa Europea, para apoyar proyectos de los Estados miembros y como foro para sus ministros, y se introdujo en 2009 la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD). Hoy en día, la PCSD mantiene ocho operaciones militares conjuntas bajo el Estado Mayor de la UE, que funciona como alto mando militar.
Pero ha habido más iniciativas. En 2017 se creó la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO), que permite a los Estados firmantes desarrollar sus capacidades de defensa en conjunto y suministrar unidades de combate. Para desarrollar esas capacidades y una industria de defensa competitiva e innovadora se creó el mismo año el Fondo Europeo de Defensa, que ha destinado 7.900 millones de euros para el periodo 2021-2027. Con objetivos similares, la UE aprobó en 2022 la llamada Brújula Estratégica, que marcó la importancia de desarrollar la “capacidad de despliegue rápido” mediante una fuerza específica. Finalmente, en 2024, la Comisión Europea aprobó la Estrategia Industrial de Defensa para consolidar este sector.
La importancia del sector en defensa también se ha reflejado en el aumento del gasto en defensa. En 2024 los Estados miembros alcanzaron los 326,000 millones de euros en este ámbito, lo que representa aproximadamente el 1,9% del PIB de la UE. En 2023, las inversiones en defensa alcanzaron su máximo en 72.000 millones de euros, y se espera que el gasto aumente más de 100.000 millones para 2027.







