“España no aumentará el presupuesto de defensa al 5%”. Con estas palabras, Pedro Sánchez marcó una línea roja en la reciente cumbre de la OTAN donde el resto de líderes parecían plegarse ante las demandas de Donald Trump. Mientras que el secretario general de la alianza, Mark Rutte, incluso bromeó llamando “daddy” al estadounidense, el presidente del Gobierno español fortaleció su imagen internacional como líder firme e independiente. Esa foto, sin embargo, contrasta con la situación en España, donde Sánchez lleva semanas capeando el caso Koldo, un escándalo de corrupción que se remonta a 2022 y que ahora involucra al hasta ahora secretario de Organización del PSOE y uno de sus hombres de confianza.
El Gobierno es consciente de esta realidad. Aunque Sánchez siempre ha apostado por una política exterior activa, ahora se ha convertido en su mayor baza. La política exterior influye cada vez más en la política interna de los países, por lo que transmitir confianza en un escenario geopolítico hostil puede agradar a electores descontentos. También es una forma de desviar la atención de los problemas internos. Sánchez no es el primer líder que adopta esta estrategia, pero está poniendo su efectividad a prueba.
Pedro Sánchez y la apuesta por lo internacional
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