Pederastia, política y aborto: por qué la poderosa Iglesia polaca está perdiendo fieles

Polonia es un país profundamente católico, con el 87% de la población declarándose como tal. La Iglesia se erigió en el principal defensor de la identidad nacional durante la ocupación soviética y en las décadas siguientes logró convertirse en la autoridad moral del país, pero esa Iglesia que generaba unidad y confianza ha dejado de existir. Los abusos sexuales, la unión con el partido en el poder, el PiS, y su rechazo al aborto y los derechos LGTBI están expulsando de su seno a las nuevas generaciones
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Pederastia, política y aborto: por qué la poderosa Iglesia polaca está perdiendo fieles
Fuente: imagen promocional de la película Liberating a continent: John Paul II and the fall of communism.

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En las afueras de Cracovia, la segunda ciudad más grande de Polonia, se levanta un barrio que parece haber quedado congelado en el tiempo. Su nombre es Nowa Huta y es el clásico microdistrito soviético ideal: series de edificios mastodónticos ideados para alojar a miles de trabajadores, cada uno idéntico al anterior y de una sobriedad absoluta. Pero Nowa Huta no es un barrio comunista más. Un edificio, inusual tanto por su estilo como por su significado, echa por tierra la monotonía de la zona: la Iglesia de Nuestra Señora Reina de Polonia.

Con una arquitectura modernista que trata de evocar al arca de Noé, la iglesia se convirtió durante la época de la ocupación soviética en un símbolo de la resistencia del pueblo polaco. De hecho, fue construida en la década de los sesenta, después de que Karol Wojtyla, el arzobispo de Cracovia que más tarde se convertiría en el papa Juan Pablo II, diera una misa en el lugar. Las autoridades socialistas se negaban a permitir su edificación y habían reprimido cualquier intento, pero la intervención de Wojtyla acabó de convencerles.

Fueron los propios vecinos los que la construyeron. Levantaron las paredes con las piedras que traían de sus viajes y fabricaron la corona dorada del templo con las joyas donadas por los fieles. No se trató de un caso aislado. Entre 1945 y 1989 en Polonia se edificaron 3.780 iglesias con la connivencia de las autoridades, que, a pesar de rechazar cualquier forma de religión, prefirieron mirar hacia otro lado confiando en que así disminuiría el descontento social. Esa pasividad fue aprovechada por los ciudadanos y los propios arquitectos, que comenzaron a diseñar templos modernistas en su tiempo libre para descansar de los férreos preceptos comunistas.

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