No, Putin no es comunista ni fascista

Putin no quiere la dictadura del proletariado comunista ni establecer un régimen fascista. Es más bien un nacionalista que busca recuperar la grandeza de Rusia, y un conservador que se ha aliado con la Iglesia ortodoxa y critica el liberalismo de Occidente.
Política y eleccionesRusia y espacio postsoviético
No, Putin no es comunista ni fascista
Fuente: elaboración propia con imágenes de Wikimedia.

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Periodistas e investigadores se esfuerzan por atribuir una ideología a Vladímir Putin. Con la invasión de Ucrania se le ha tachado de comunista, y se le ha comparado con Stalin y a la Rusia actual con la Unión Soviética. También se le llama fascista. Pero Putin está lejos de ser ninguna de esas dos cosas. Más bien es un nacionalista conservador, y las contradicciones que surgen al intentar encasillarlo le confirman también como un oportunista: desea devolverle la grandeza a Rusia, pero no tiene una estrategia clara.
Lamenta la caída de la URSS sin ser comunista 
Putin ha tenido tiempo de socializar los medios de producción y avanzar hacia una sociedad sin clases desde que llegó al poder en el 2000. Sin embargo, su política económica ha sido más cercana al conservadurismo liberal. Ha promovido el crecimiento del sector privado y bajado los impuestos a pequeñas y medianas empresas.
Al mismo tiempo, ha recuperado el control de industrias clave, privatizadas durante la etapa de Yeltsin (1991-1999), y restaurado la autoridad estatal por encima de los oligarcas. Pero lejos de instaurar la dictadura del proletariado, Putin dirige un Estado capitalista y corrupto donde los oligarcas, ya más controlados por el Kremlin, conservan buena parte de la riqueza del país. Rusia, de hecho, es uno de los países más desiguales de Europa.

Del KGB a la invasión de Ucrania: la cronología de Vladímir Putin

Putin también considera que la caída soviética fue la mayor catástrofe del siglo XX y conmemora la victoria del Ejército Rojo sobre el nazismo, pero no lo hace por nostalgia del comunismo. El Kremlin instrumentaliza el recuerdo soviético no para reivindicar aquel régimen, sino por el estatus de gran potencia que Rusia tenía entonces. Por eso cuando Putin evoca la URSS se fija solo en los grandes logros, como los avances tecnológicos que permitieron mandar el primer satélite al espacio en 1957.
El último ejemplo de esta operación de memoria selectiva llegó en diciembre de 2021 con la...

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Arsenio Cuenca

Licenciado en Sociología por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Máster 1 en Geopolítica y Máster 2 en Ciberestrategia por el Instituto Francés de Geopolítica (París). Doctorando de la EPHE/CNRS (París). Estudio los extremismos, internet y la intersección entre ambos.