Periodistas e investigadores se esfuerzan por atribuir una ideología a Vladímir Putin. Con la invasión de Ucrania se le ha tachado de comunista, y se le ha comparado con Stalin y a la Rusia actual con la Unión Soviética. También se le llama fascista. Pero Putin está lejos de ser ninguna de esas dos cosas. Más bien es un nacionalista conservador, y las contradicciones que surgen al intentar encasillarlo le confirman también como un oportunista: desea devolverle la grandeza a Rusia, pero no tiene una estrategia clara.
Lamenta la caída de la URSS sin ser comunista
Putin ha tenido tiempo de socializar los medios de producción y avanzar hacia una sociedad sin clases desde que llegó al poder en el 2000. Sin embargo, su política económica ha sido más cercana al conservadurismo liberal. Ha promovido el crecimiento del sector privado y bajado los impuestos a pequeñas y medianas empresas.
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