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La historia del Mundial de fútbol está repleta de controversias, pero ninguna edición ha despertado tantas como la que comienza este domingo en Catar. Esta Copa del Mundo se ha organizado entre acusaciones de corrupción y violaciones sistemáticas de los derechos de las mujeres, personas LGTBIQ+ y trabajadores inmigrantes en territorio catarí. Se estima que unos 6.500 obreros extranjeros fallecieron durante el tiempo de la construcción de los estadios entre 2011 y 2020, aunque la cifra real resulta imposible de determinar. Por ello, muchos aficionados y activistas defensores de los derechos humanos han pedido boicotear el evento.
Pero el boicot al Mundial no funcionará. Ninguna selección se ha sumado a la iniciativa y apenas unos pocos jugadores han manifestado su rechazo al torneo. Los precedentes tampoco invitan a pensar en un posible boicot. Todos ellos demuestran la ineficacia de estas iniciativas para alterar el desarrollo de la competición. Por si esto fuera poco, las alianzas geopolíticas de Catar con Occidente y su poder dentro del mundo del fútbol harán que fracase cualquier tentativa.
Los boicots al Mundial: una historia de fracasos
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