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¿Cómo ha cambiado el precio del algodón?

Descripción del gráfico

Podría decirse que el algodón es el plástico natural. Muchos de los objetos que utilizamos en nuestro día a día están hechos o llevan algodón: ropa, colchones, muebles, bastoncillos, billetes de dólar o euro… El algodón se ha convertido en la fibra natural más producida del mundo y en la actualidad se encuentra en todas partes.

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, el cultivo de algodón ocupa aproximadamente a 26 millones de agricultores de 75 países diferentes. Si a esto se le suman los trabajadores empleados en convertir el algodón en productos textiles y ropa, la cifra asciende a 100 millones de familias que están empleadas o se benefician del cultivo de esta planta.

No en vano, el consumo de algodón no ha parado de crecer desde 1990 y en 2018 alcanzó su máximo histórico: 27 millones de toneladas producidas. Según los pronósticos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el consumo aumentará hasta los 29 millones en 2028. Sin embargo, ese crecimiento sucederá de forma paralela al crecimiento de la población mundial, por lo que si tomamos la cantidad de algodón consumida en 1950 como base y le asignamos el valor 100, los mayores picos en cuanto al consumo de algodón por habitante se dieron entre 2004 y 2010, cuando la tasa superó el 1.000%.

Por otro lado, el precio del algodón ha experimentado una subida más o menos estable desde 1950, aunque en 2010 rompió la tendencia al dispararse hasta los 3,6 dólares por kilogramo, lo que provocó a su vez que la industria textil aumentara el importe de sus productos o apostara por fibras sintéticas. Este fuerte incremento se debió al mal tiempo que arrasó en forma de tormentas e inundaciones las cosechas de Pakistán, China y Estados Unidos.

Con todo, no pensemos que el cultivo de este recurso no lleva costes asociados. El algodón requiere de enormes cantidades de agua, y en algunas zonas donde es un motor económico genera un importante estrés hídrico. La región de Asia Central es un centro productivo de esas fibras, y su cultivo es precisamente uno de los principales causantes de la desecación del mar de Aral, una de las mayores catástrofes ambientales de las últimas décadas.

La progresiva desaparición del mar de Aral tiene un claro responsable: el algodón.

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