En España sobran casas. Esta afirmación, si bien puede parecer contradictoria con la crisis de vivienda, apunta a un problema sistémico común en toda Europa que, en el caso español, se ve agravado por el turismo masivo y el éxodo rural. Con 563 viviendas por cada mil habitantes, el país mediterráneo se sitúa por encima de la media europea en la disponibilidad de casas.
Si tenemos en cuenta que el tamaño medio del hogar en España es de 2,5 personas, una tasa cercana a una vivienda por cada dos habitantes debería traducirse en una oferta inmobiliaria asequible, dinámica y variada. Y sin embargo, la edad media de emancipación es de 34 años, se necesitan más de siete años de ahorro íntegro para comprar una casa y el precio del alquiler se sitúa en máximos históricos. Por si fuera poco, el Banco de España habla de un déficit de al menos 400.000 viviendas.
Lo que falta, en realidad, son casas bien ubicadas—es decir, en los mismos lugares donde se concentra la demanda, los núcleos urbanos— y con precios que la población se pueda permitir. Es una necesidad que se extiende por todo el continente: los países de la Unión Europea con más viviendas por cada mil habitantes son Bulgaria, Croacia e Italia, con cerca de 600, y ninguno de ellos escapa de la crisis de vivienda.
Al igual que en España, las causas no residen en la escasez de edificaciones, sino en la ausencia de viviendas asequibles fuera del entorno rural. Un problema que afecta principalmente a grupos vulnerables como las familias de bajos ingresos o los jóvenes, atrapados en un círculo vicioso en el que la espiral inflacionaria de los precios del alquiler les impide ahorrar para pagar la entrada de una casa.
Las casas vacías y los alquileres turísticos contribuyen significativamente a esa situación. Aunque no existen datos recientes a nivel europeo, se estima —en base a cifras de 2014— que hay cerca de 38 millones de casas vacías en el continente. Solo en España hay 3,4 millones de viviendas sin habitar, el equivalente al 14% del parque de vivienda nacional.
Entre los factores que han dado lugar a un número tan elevado de casas vacías se encuentra la falta de recursos de los propietarios para reformar viviendas antiguas, el éxodo rural hacia grandes urbes o la especulación inmobiliaria. En Bulgaria, el país europeo con la mayor disponibilidad de casas, el abandono del campo se entrelaza con la emigración —cerca de una cuarta parte de su población vive fuera de sus fronteras—.
El turismo, por su parte, excluye un gran número de construcciones del mercado de la vivienda, ya sea en forma de apartamentos turísticos o segundas residencias, sobre todo en aquellos destinos donde la costa atrae cada año a millones de turistas internacionales. No es de extrañar, por tanto, que países con una industria turística potente como Croacia, Italia o España se sitúen en los primeros puestos de los países con más viviendas por habitante.
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La falta de viviendas asequibles y bien situadas se traduce en un 9,8% de hogares que dedican más del 40% de sus ingresos a la vivienda en las ciudades europeas, frente a un 6,3% en las áreas rurales. De fondo, el precio de la vivienda ha aumentado de media un 54% desde 2010 y el del alquiler otro 26% en el conjunto de la Unión Europea.
La construcción de viviendas se plantea como una de la medidas más urgentes para acabar con el problema habitacional en Europa, aunque el crecimiento de la oferta no frenará por sí solo el aumento descontrolado de los precios, que también sufre los envites de la especulación sin límites, el turismo masivo y la saturación de los núcleos urbanos.







