Los telediarios abren cada 31 de diciembre con imágenes de la celebración de Nochevieja en las playas de Sídney, que por efecto de los husos horarios es de las primeras grandes urbes en cambiar de año. Poco después, tras la comida, las mismas cadenas de televisión emitirán una película navideña que terminará con las campanadas en una nevada Times Square. Dos ciudades en Nochevieja, pero dos temperaturas muy diferentes.
Esa idea de la nevada en el cambio de año en Nueva York, y durante todas las Navidades, es la que el músculo cultural estadounidense ha exportado por el mundo. Una blanca Navidad. Sin embargo, y durante el mismo día, en Sídney lo más normal es que estén disfrutando de la playa con temperaturas mínimas de 19ºC, mientras que en la manida Nochevieja neoyorkina baja hasta -4ºC.
La explicación a esto se encuentra en que las estaciones están invertidas, y mientras que en el hemisferio norte el cambio de año cae a principios del invierno, en el sur lo hace a comienzos del verano. De este modo, el mismo día que se celebra el famoso concierto de Año Nuevo de Viena, normalmente hasta -2ºC, en Ciudad del Cabo se organizan grandes barbacoas en las playas que de media no bajan de los 16º.
Así, y aunque el imaginario colectivo impuesto por el cine nos obligue a pensar en el árbol de Navidad del Rockefeller Center, en su pista de patinaje sobre hielo o en la nieve que cubre Central Park, las temperaturas que registra Nueva York en fin de año poco tienen que ver con la realidad de la mayor parte del mundo, e incluso con gran parte de los propios Estados Unidos.
Y es que las diferencias de temperaturas en Nochevieja no solo tiene que ver con la latitud, ya que la altitud es otro factor a tener en cuenta. Mientras que en Madrid la temperatura mínima media para tomar las uvas en la Puerta del Sol es de 2ºC, en Londres es de 3ºC. Pese estar mucho más al norte, la capital británica apenas está unos metro por encima del nivel del mar, frente los más de 600 a los que se sitúa Madrid.
Además, las costas occidentales en zonas templadas son siempre más cálidas que las orientales, y esto también se ve en las temperaturas en Nochevieja. Por ejemplo, en los fuegos artificiales de Valparaíso se alcanzan temperaturas mínimas de 14ºC, mientras que en Buenos Aires las mínimas son de 19º. Las mínimas son también considerablemente más altas en las ciudades europeas que en Nueva York.
De cualquier modo, si lo que quieres es una Nochevieja fría que sí o sí cumpla los gélidos estereotipos del cine estadounidense, Yakutsk (Siberia), la ciudad más fría del mundo, es tu lugar. Allí la mínima baja hasta los -41ºC. Por el contrario, si lo que buscas es calor, en Port Hedland (Australia Occidental) no se baja de los 25º durante el cambio de año.
Ahora, si lo que quieres son grandes celebraciones, la plaza Roja de Moscú siempre ha sido un sitio concurrido, aunque las temperaturas mínimas son de media de -9ºC. En el otro extremo, las playas de Ipanema y Copacabana no baja de los 22ºC de media durante sus multitudinarias celebraciones. De todos modos, el cambio climático se ha ido haciendo notar con los años, y esa Nochevieja nevada con muñecos de nieve es cada año menos probable. De hecho, las celebraciones del hemisferio norte van perdiendo sus características más frías (y cinematográficas), mientras que las de las zonas tropicales y veraniegas se expanden hacia el norte.