Novak Djokovic y su empeño en disputar el Abierto de Australia de tenis sin cumplir las normas sanitarias y sin estar vacunado han revolucionado el mundo del deporte y han creado un debate que ha sacudido todos los rincones del planeta. Australia, que con motivo de la crisis sanitaria ha vetado el acceso a su territorio a todo extranjero salvo excepciones muy concretas, ha deportado finalmente al tenista que ocupa el número uno del ranking mundial.
Sin embargo, mucha gente olvida que el requerimiento de una vacuna obligatoria para poder ingresar en algún país del mapa del mundo no es ni mucho menos una novedad que ha traído la pandemia de coronavirus. Regiones con brotes de enfermedades infecciosas como la fiebre amarilla o la polio, que tienen especial incidencia en África, llevan décadas aplicando este tipo de políticas para tratar de contener su propagación. Y en lugar de un certificado QR, lo que las autoridades exigen en sus fronteras es el Certificado Internacional de Vacunación o Profilaxis (CIVP), un registro oficial de vacunación creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Este es popularmente conocido como “tarjeta amarilla” por su color pero también por el hecho de que la fiebre amarilla sea la enfermedad contra la que más países piden una prueba de vacunación a todo visitante. Es, en concreto, el caso de dieciocho naciones africanas más la Guayana Francesa. La OMS recomienda además vacunarse a los viajeros que vayan a visitar áreas donde hay evidencia de transmisión persistente o periódica del virus, como en gran parte de Latinoamérica, y varios países también requieren prueba del pinchazo antes de emitir una visa a personas que provienen o han visitado áreas de riesgo —caso de Francia o China—. La fiebre amarilla, transmitida por mosquitos, puede saltar a través de los turistas a nuevos países y provocar grandes emergencias, como ya ocurrió en América del Norte y Europa en los siglos XVII y XIX.
Lo mismo ocurre, aunque a una escala menor, con la polio, una enfermedad al borde de la erradicación pero con Pakistán y Afganistán tratando aún de librarse de las últimas grandes cepas. Somalia, que en 2018 sufrió un brote de polio, es sin embargo el único país del mundo que exige en la actualidad una prueba de vacunación contra esta enfermedad a todos sus visitantes. Aun así, al igual que en el caso de la fiebre amarilla, hay países que aplican este requerimiento a personas provenientes de ciertos países, sobre todo si han acudido a la peregrinación musulmana a La Meca en Arabia Saud o hach.
Por su parte, Libia exige vacunación contra la meningitis meningocócica, una enfermedad que afecta especialmente a los niños pequeños del África subsahariana —región que recibe el nombre del “cinturón africano de la meningitis”—. Además, aunque se trata de indicaciones dirigidas a perfiles concretos de turistas —personas mayores o con ciertos problemas de salud— y en zonas remotas con condiciones higiénicas deficientes, la OMS también recomienda vacunarse contra otras enfermedades como el cólera, las hepatitis A o E, la encefalitis japonesa, la rabia o la fiebre tifoidea.
La covid-19 es la última afección añadida al mapa de la vacunación obligatoria. Aunque el panorama es muy cambiante, son 23 los países que exigen algún tipo de inmunización —pauta completa de la vacuna o haber pasado la enfermedad— contra ella. Junto a ellos, la mayoría de Estados apuestan en su lugar por test de contagio o cuarentenas obligatorias, aunque también hay casos en los que las fronteras permanecen prácticamente cerradas para los extranjeros, como la propia Australia o China.
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