La gestación subrogada es un tema espinoso. Desde ciertos sectores, se presenta como una alternativa para parejas que deseen tener hijos y no puedan hacerlo, pero esta práctica entraña riesgos como la mercantilización del cuerpo de la mujer y la explotación de las capas más desfavorecidas de la población. La ausencia de consenso se traduce en enfoques muy diversos y en muchas ocasiones en un vacío legal en el cual se producen embarazos de sustitución clandestinos o sin ningún tipo de amparo legal.
El debate trasciende además la ideología: en España, por ejemplo, donde este tipo de prácticas están prohibidas, es la derecha conservadora la que está tratando de abrir el debate sobre la legalización de la gestación subrogada altruista, una reforma que en la vecina Portugal fue impulsada con éxito por la izquierda.
A pesar de ello, la mayoría de países no han regulado los vientres de alquiler de forma explícita y son regulaciones tangenciales las que acaban determinando su amparo legal. En Noruega, por ejemplo, la ley prohíbe las técnicas de reproducción asistida que incluyan la donación de embriones y no reconoce los acuerdos por los que una mujer da a luz a un bebé para otra persona, por lo que en la práctica la gestación subrogada no está permitida. Francia, Alemania, Croacia o Egipto son algunos ejemplos de países que sí la han prohibido explícitamente.
Los destinos de la gestación subrogada
Pero que un país no permita los vientres de sustitución no quiere decir que sus ciudadanos no puedan acceder a este tipo de operaciones. Aquellos que desean tener un hijo y disponen del músculo financiero necesario pueden acudir a terceros países que sí contemplan y regulan estas prácticas, incluidas las que incluyen una compensación económica a la madre gestante.
Ucrania, Georgia y algunos estados de Estados Unidos y México ―donde no existe una ley a nivel federal―suelen ser los lugares escogidos por la ausencia de trabas para los extranjeros. En el resto del mundo, hay varios países más que permiten la gestación subrogada pero a menudo sin pago de por medio y con condiciones muy estrictas, como Canadá, Reino Unido o Australia.
La aprobación suele requerir la justificación de problemas médicos, mínimos de edad y en muchos casos la exigencia de residir en el país. Sobre la relación con la madre gestante, no hay una única aproximación: Uruguay permite subrogar un vientre solo hasta el segundo grado de consanguinidad; en Países Bajos si los firmantes del acuerdo se conocían con anterioridad; e Israel, cuyo enfoque tiende hacia el altruismo pero se contemplan pagos que remuneren el periodo de inactividad de la madre, exige que esta comparta la misma religión que el o la solicitante. El Estado de Armenia, en una excepción global, financia desde 2022 la operación en el caso de aquellos matrimonios que hayan perdido un hijo en labores de defensa del país.
En el sudeste asiático, India emergió como uno de los primeros destinos del turismo reproductivo gracias a que consideraba a los clientes que pagaban por el embrión fertilizado automáticamente los padres del niño. Cuando limitó el acceso de los extranjeros al programa en 2012, la demanda se trasladó a Tailandia, Nepal o Vietnam, pero en su caso diversos escándalos ―como la cancelación de entregas de bebés tras el terremoto de Nepal de 2015 o el abandono de un niño discapacitado en Tailandia― terminaron dando lugar también a sendas reformas legales. En la actualidad, son Camboya y Laos, con jurisdicciones más débiles, los principales destinos del turismo reproductivo en Asia.
Baby boomers, milenials o zoomers: la cronología de las generaciones demográficas
Asimismo, regiones con importantes vacíos legales como América Latina y África están atrayendo cada vez más clínicas y personas interesadas en contratar un vientre de sustitución. En el continente africano, de hecho, Ghana ya ha legalizado la gestación subrogada y Nigeria y Kenia la permiten en la práctica.