La compleja geopolítica de Afganistán, desconocida en muchos lugares a pesar de las ocupaciones que ha vivido en las últimas décadas, está marcada tanto por su mapa físico como por su posición en Asia. El país se encuentra fragmentado por la presencia del macizo Hindú Kush, que forma un sistema montañoso en el centro de Afganistán que se extiende hacia las fronteras orientales, ocupando dos terceras partes de la superficie del país. Al sur del Hindú Kush se encuentra una meseta más árida, y al norte las llanuras y penillanuras de Asia central, las más fértiles de la región, lo que explica que en esta zona exista una alta densidad de población.
El corazón montañoso y abrupto que representa el Hindú Kush es, además, la zona más húmeda del país. Aquí nace el río Helmand, vital para el sureste de Afganistán, y también el río Hari Rud y el Amu Daria. Ambos son fundamentales para entender la geopolítica de Asia Central, pero apenas han sido explotados por Afganistán a lo largo de su historia. Esta zona central más húmeda está rodeada por áridas estepas, y al sur y este, por extensos desiertos. La importancia de los ríos es por lo tanto máxima, pues proporcionan agua para el consumo y para irrigar las llanuras donde se encuentra la población.
No es de extrañar, por lo tanto, que el sistema montañoso que domina el mapa de Afganistán condicione profundamente su geopolítica interna: por un lado, la red de carreteras está construida al rededor de este coloso, que dificulta notablemente las comunicaciones internas y complica la articulación del país. Dentro de este círculo de carreteras, mal comunicada, queda la minoría hazara, musulmanes chiitas que viven en los valles interiores. Frecuentemente discriminados, los hazaras fueron una víctima preferente del integrismo de los primeros talibanes.
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