Cuando te aproximas desde el aire a Copenhague, la capital de Dinamarca, la primera imagen que llama la atención es el parque eólico de Middelgrunden, veinte turbinas de 64 metros de altura que parecen saludarte desde las aguas del estrecho de Øresund. En el momento de su construcción, en el año 2001, Middelgrunden se convirtió la granja eólica más grande del mundo e incluso antes de nacer ya era un símbolo del compromiso de los daneses con la transición verde: el proyecto pertenece en un 50% a la empresa municipal de servicios públicos y en otro 50% a una cooperativa de vecinos de Copenhague, que fueron los que empujaron por su implementación.
Veinte años después, Dinamarca es el país europeo con un mayor peso de la energía eólica en su mix eléctrico —en 2023 generó el 57% de su electricidad con la fuerza del viento—, aunque Middelgrunden va camino de convertirse en una gota de agua dentro de la industria eólica marina del continente. Según datos de la Red Europea de Observación y Datos Marinos (EMODnet, por sus siglas en inglés) actualizados a mayo de 2024, Europa tiene ya 74 granjas eólicas repartidas por sus mares, a las que pronto se van a sumar otras 26 que están aprobadas o en construcción y previsiblemente 491 más que están aún en fase de planeamiento.
A falta de la luz verde definitiva, la avalancha de solicitudes da buena cuenta de la decidida apuesta de la Unión Europea por el viento del mar, donde es más intenso y constante que en tierra al no encontrar barreras físicas. La Comisión Europea se ha propuesto contar con una capacidad instalada de energía renovable marina de 111 gigavatios para 2030 —cerca de la mitad de lo que consume España en un año— y de 317 para 2050, un incremento muy ambicioso si se tiene en cuenta que en 2023 el potencial eólico marino se situaba por debajo de los 20 gigavatios.
La inmensa mayoría de la capacidad instalada hasta la fecha se concentra en las aguas del norte, con Países Bajos, Alemania, Dinamarca y Bélgica a la cabeza en la Unión Europea y Reino Unido absorbiendo por sí sola el 58% de la potencia europea. La principal razón de esa hegemonía son «las condiciones físicas» del mar del Norte y el Báltico, según explica Iván García, cofundador de BIMA, la empresa gallega que se encarga de recopilar y actualizar los datos que alimentan el mapa de la EMODNet.
«En las aguas del norte la plataforma continental es mucho más larga que en el sur y el fondo es arenoso», afirma García, que también puntualiza que esta circunstancia facilita la instalación de turbinas ancladas al lecho marino. En el Mediterráneo, por el contrario, «la plataforma es más corta, gana profundidad muy rápido y el fondo es rocoso». Eso explica la ausencia de grandes parques en los países del sur, con la tecnología de las plataformas flotantes aún en fase de desarrollo y experimentación.
De cara a 2030, Italia y España planean aumentar su capacidad de producción de energía marina offshore a 2,1 y tres gigavatios, respectivamente, aunque el país transalpino está avanzando más rápido y ya se plantea elevar el objetivo hasta los cinco gigavatios.
Aun así, está previsto que el norte siga aumentando su brecha con respecto al sur en los próximos años, con la entrada en escena de nuevos actores: Suecia, Irlanda y Finlandia están llamadas a absorber más de la mitad de la nueva capacidad instalada.
Los promotores de parques eólicos marinos priorizan ubicaciones que estén protegidas de vientos turbulentos, como el mar Báltico, el Adriático, el Irlandés o los estrechos daneses, una dinámica perceptible en el mapa de la energía eólica marina en Europa y que dará lugar a cuellos de botella con una alta densidad de parques. Esa circunstancia resultaría más conflictiva en tierra firme, donde los proyectos eólicos entran a menudo en conflicto con núcleos poblacionales cercanos.
De esta forma, la instalación de nuevos parques marinos ha empezado a coger velocidad y solo en 2023 la capacidad de la energía eólica marina aumentó un 40% en Europa. A pesar de ello, el ritmo de crecimiento es insuficiente para alcanzar el objetivo de 2030: el continente planea sumar cinco gigavatios cada año de aquí a 2026 a su arsenal de granjas eólicas marinas, lo que le obligará a incorporar al menos 27 gigavatios anuales entre 2027 y 2030. Sin embargo, la capacidad de producción actual de la industria eólica europea, líder global, es de apenas siete.







