El sur de Europa está en llamas. Es una noticia que se suele repetir todos los veranos, pero a medida que el cambio climático empieza a extremar las temperaturas los incendios forestales en la costa mediterránea son cada vez más devastadores. La temporada estival de 2022, de hecho, ya ha traído una ola de calor que está disparando los termómetros en todo el continente y que ha provocado grandes incendios simultáneos en Portugal, España, Francia, Italia y Grecia.
Estos cinco países, junto con Croacia, concentraron el 90% de las hectáreas que ardieron en 2020 en la Unión Europea, según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales —Irlanda, Dinamarca, Malta, Luxemburgo, Bélgica y Estonia quedan fuera del análisis— Son, también, los que sufren temperaturas más elevadas y donde la vegetación se vuelve más inflamable.
Las olas de calor como la actual —cada vez más frecuentes e intensas— disparan el riesgo de incendio en una Europa que además se está aridificando: a medida que el ser humano ha ido retirándose del campo para vivir en las ciudades y que el cambio climático ha entrado en escena, el paisaje ha ido homogeneizándose y convirtiéndose en combustible seco para las llamas. La consecuencia son fuegos cada vez más grandes y más difíciles de extinguir que sobrepasan la tecnología y los medios de extinción existentes.
Incluso en el sur de Europa, acostumbrada desde hace décadas a los incendios estivales, los tiempos se están acelerando. A estas alturas del año los grandes fuegos se daban sobre todo en el levante español, una región árida que apenas llega el verano pierde toda la humedad, mientras que en el resto de la costa mediterránea europea el estrés hídrico estival alcanza su pico más bien a finales de agosto. Por esta razón los fuegos extremos no eran comunes en julio ni en Portugal ni en Francia, pero el cambio climático está ampliando la temporada de incendios.
La península ibérica sigue siendo, no obstante, la región más castigada. Desde el año 2000, España y Portugal han sufrido el 67% de las pérdidas forestales provocadas por los incendios en los cinco grandes países del sur de Europa.
En la actualidad, en España casi el 65% de los incendios se producen en el noroeste del país, un paisaje continuo con plantaciones forestales abandonadas, una ganadería extensiva menguante y con medidas de protección y ordenaciones territoriales deficientes. A ello hay que sumar, al igual que en el resto de la periferia mediterránea, el extendido uso del fuego como herramienta de gestión en el medio rural, que corre el riesgo de descontrolarse y arrasar bosques enteros, y la alta tasa de intencionalidad —en España, más de la mitad de los fuegos son provocados—.
Pero especialmente llamativo es el caso de Portugal, que ha lamentado las mayores pérdidas —el 37% de hectáreas quemadas en la región en lo que va de siglo— a pesar de tener una extensión bastante más reducida que el resto de sus vecinos. Las peores oleadas de fuegos fueron la de 2003, que se llevó por delante el equivalente al 5% de la superficie nacional, y la de 2017, que quemó aún más hectáreas —541.000— y provocó la trágica muerte de más de cien personas.







