Huella energética comercio internacional

La huella energética del comercio internacional

El consumo energético de un país también depende del comercio global y de la huella energética asociada a sus importaciones y exportaciones
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Cuando nos paramos a pensar en qué forma y en qué cantidad consumimos energía, lo primero en lo suele venirnos a la cabeza es el momento en el que encendemos las luces en casa, ponemos la calefacción o repostamos. Menos atención prestamos sin embargo al origen de las lámparas, los radiadores o el coche que utilizamos para ello, objetos que también necesitaron energía para ser fabricados.

Algo parecido ocurre cuando se calcula el consumo energético de un país: la potencia empleada para producir bienes y utensilios también puede quedarse fuera de la ecuación. Si estos han sido producidos y vendidos dentro de un mismo país su huella energética sí se verá reflejada en el dato nacional, pero si por el contrario han sido importados su impacto pasará desapercibido en el lugar donde finalmente están siendo consumidos.

De esta forma, para conocer con exactitud el consumo energético de un país también es importante tener en cuenta su balanza comercial: la diferencia entre sus importaciones y sus exportaciones y la huella energética asociada a ambas. Y eso es precisamente lo que ha hecho Viktoras Kulionis, investigador de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en un trabajo recopilado por Our World in Data.

En concreto, el análisis de Kulionis compara la energía necesaria para producir los bienes exportados y los importados, y muestra la diferencia como un porcentaje del consumo energético nacional. Así, un dato negativo implica que la huella energética de las exportaciones tiene más peso y que por tanto su dato nacional está sobredimensionado, mientras que una cifra positiva indica que el consumo energético del país es en realidad más alto si se tiene en cuenta el comercio y los bienes que importa.

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El cálculo del Reino Unido, por ejemplo, arroja un valor del 26%, lo que quiere decir que su consumo energético ajustado al comercio es un cuarto más grande que su consumo energético estimado siguiendo la metodología tradicional. En el caso de China, esta cifra se invierte y pasa a ser del -5%, por lo que el gigante asiático es un exportador neto de energía en términos comerciales y el consumo energético de sus ciudadanos es menor.

El estudio solo incluye aquellos países con suficientes datos de comercio disponibles y excluye a la mayoría de territorios con ingresos bajos, pero aun así permite observar tendencias regionales: la mayor parte de Europa y Estados Unidos son importadores netos de energía asociada al comercio —entre el 10% y el 15% de su consumo nacional—, mientras que países productores y con economías no tan consolidadas como China, India, Brasil y Sudáfrica son exportadores netos. Es lo que también se conoce con el nombre de la deslocalización del consumo energético y, en consecuencia, de la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero.

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Si ajustamos el cálculo al número de habitantes de cada país, apreciaremos que Estados Unidos es con diferencia el país con el mayor uso energético ajusta a comercio, diez veces más que India, el país analizado con el dato más bajo. El poder adquisitivo guarda una estrecha relación con los niveles de consumo, pero el mapa del gasto de energía asociado al comercio permite ver que varias economías de ingresos medios también tienen valores muy altos.

China es el caso más evidente: durante mucho tiempo se ha defendido que el país consumía y contaminaba mucho porque era la fábrica del mundo, pero este argumento ha perdido fundamento en los últimos años. En 2007 la huella energética del comercio en China era del -20%, pero en 2020 era de apenas del -5%, lo que demuestra que su nivel de vida ha aumentado drásticamente y que sus ciudadanos consumen ya tanta energía como los españoles o los portugueses.

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