Trazar el recorrido que ha seguido un alimento hasta colonizar la dieta mundial no es sencillo, pero para localizar su origen siempre resulta útil seguir sus huellas en la gastronomía. Piensa en el arroz, o mejor dicho, en platos que lo utilicen entre sus ingredientes principales. En Europa se puede encontrar en recetas muy concretas como la paella o el risotto, mientras que en Norteamérica destaca su uso en la comida cajún, desarrollada en Luisiana por descendientes de colonos franco-canadienses.
Si tiramos del hilo veremos que su presencia aumenta al sur del continente: en Colombia, Venezuela o Haití prácticamente ninguna comida está completa si no se acompaña de arroz blanco, de la misma forma que el arroz con frijoles es una receta transversal en toda Latinoamérica. En efecto, el cereal fue introducido en la región durante la colonización europea por esclavos de África, de donde sí es originario. Su domesticación ocurrió hace unos 3.000 años en el actual Mali, y hoy en día países del entorno como Guinea-Bisáu, Sierra Leona, Liberia o Madagascar siguen obteniendo cerca de la mitad de sus calorías del arroz.
Pero África no es el único origen de este alimento. Acuérdate del sushi, el arroz frito, el arroz con curri o el arroz especiado. Además de en Mali, otras variedades fueron domesticadas en China —la japónica o de grano corto, hace 10.000 años— y en India —la de grano largo, hace 4.500 años—. Y por muy lejana que parezca, la historia del descubrimiento y la difusión del arroz continúa hoy en día teniendo un impacto directo en la forma en la que comemos.
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