Trazar el recorrido que ha seguido un alimento hasta colonizar la dieta mundial no es sencillo, pero para localizar su origen siempre resulta útil seguir sus huellas en la gastronomía. Piensa en el arroz, o mejor dicho, en platos que lo utilicen entre sus ingredientes principales. En Europa se puede encontrar en recetas muy concretas como la paella o el risotto, mientras que en Norteamérica destaca su uso en la comida cajún, desarrollada en Luisiana por descendientes de colonos franco-canadienses.
Si tiramos del hilo veremos que su presencia aumenta al sur del continente: en Colombia, Venezuela o Haití prácticamente ninguna comida está completa si no se acompaña de arroz blanco, de la misma forma que el arroz con frijoles es una receta transversal en toda Latinoamérica. En efecto, el cereal fue introducido en la región durante la colonización europea por esclavos de África, de donde sí es originario. Su domesticación ocurrió hace unos 3.000 años en el actual Mali, y hoy en día países del entorno como Guinea-Bisáu, Sierra Leona, Liberia o Madagascar siguen obteniendo cerca de la mitad de sus calorías del arroz.
Pero África no es el único origen de este alimento. Acuérdate del sushi, el arroz frito, el arroz con curri o el arroz especiado. Además de en Mali, otras variedades fueron domesticadas en China —la japónica o de grano corto, hace 10.000 años— y en India —la de grano largo, hace 4.500 años—. Y por muy lejana que parezca, la historia del descubrimiento y la difusión del arroz continúa hoy en día teniendo un impacto directo en la forma en la que comemos.
No en vano, China e India siguen siendo los mayores productores del mundo, con una cuarta parte de la cosecha cada uno, y Asia el gran proveedor de arroz del resto de países, de acuerdo con los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) relativos al año 2021. Podríamos afirmar incluso que la paella nunca habría existido de no ser por los chinos o los árabes, que fueron quienes lo hicieron llegar hasta la península ibérica.
El arroz es en la actualidad un pilar nutricional insustituible en la mayor parte del mundo, por mucho que en Occidente no tenga un peso tan destacado en la alimentación, y constituye la base de la dieta de 3.000 millones de personas, la mayoría de ellas en Asia y algunas partes de África, Latinoamérica y el Caribe. Se trata de hecho del alimento que más calorías aporta por sí solo a la ciudadanía global: supone el 11% de la dieta anual media, por delante del 9% del trigo o el 5% de la patata, según datos también de la FAO.
Hambre, sequías y conflictos: el mapa de la inseguridad alimentaria en el mundo
El arroz es asimismo el tercer producto agrícola más producido del mundo, solo por detrás de la caña de azúcar y el maíz, y su cultivo se concentra en zonas tropicales inundadas como el delta del Mekong en Vietnam o el valle del río Yangtzé en China. Dos son los requisitos para que su producción sea rentable: una gran cantidad de agua y mano de obra barata, lo que convierte a los campos de Asia —con sus estaciones de lluvias, músculo demográfico y, todo sea dicho, desprotección laboral— en un espacio de trabajo ideal.
En este sentido, la deficiencia hídrica y la inestabilidad de las cosechas han ido con el tiempo generando una dependencia de África con la exportaciones de arroz indias, que suministra hasta el 40% del arroz que se comercializa en el mundo—la producción de China a duras penas sirve para abastecer a su propia población—. Países como Liberia, Benín, Senegal, Costa de Marfil o Guinea importan cada años varios cientos de miles de toneladas de arroz indio, en su mayoría granos rotos por su reducido precio.
Que viene El Niño
Sin embargo, Nueva Delhi prohibió la exportación de arroz blanco no basmati el pasado mes de julio ante los estragos que se prevé que causen el calor extremo y las lluvias torrenciales provocadas por El Niño —el fenómeno meteorológico que calienta el océano Pacífico muy por encima de lo habitual— en sus cultivos.
La decisión se sumó a la de septiembre del año pasado de limitar las ventas de arroz roto, y como consecuencia el precio del grano se ha disparado cerca de un 20% en los últimos tres meses (ver gráfico de abajo).
África es una de las principales perjudicadas, pero también países como Bangladés o Nepal, muy dependientes de las exportaciones indias. Si el temido fenómeno meteorológico se ceba además con otros grandes vendedores como Tailandia, Vietnam o Pakistán y les obliga a imponer restricciones, la escalada de precios puede ser histórica y desatar un efecto dominó en otros cereales que sustituirían al arroz tanto como alimento humano como pienso para animales. Tras la guerra de Ucrania, El Niño amenaza ahora con poner patas arriba el mercado mundial alimentario.
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