El permiso por enfermedad remunerado (paid sick leave en inglés) juega un papel crucial en tiempos de crisis, cuando muchos trabajadores pueden enfrentarse a represalias o discriminación cuando comunican su enfermedad. También puede ser determinante a la hora de evitar la propagación de un virus. Si los trabajadores tienen que elegir entre recuperarse de una enfermedad y mantener su trabajo, muchos optarán por asegurarse un sueldo a final de mes.
Prueba de ello es que en 2009, cuando la crisis económica azotaba Europa y la gripe A alertó a medio mundo, en Estados Unidos siete millones de compañeros de trabajo se infectaron del virus en la oficina y Alemania reportó el número más bajo de ausencias por enfermedad jamás visto. El miedo a perder el trabajo se antepuso a la propia salud de los empleados.
En la mayoría de países faltar al trabajo por estar enfermo y seguir cobrando se considera un derecho innegociable. Sin embargo, aún existen países que no reconocen a sus trabajadores la posibilidad de ausentarse de su puesto de trabajo y, a la vez, mantener su sueldo si han enfermado, aunque un médico confirme la indisponibilidad. En concreto, de la totalidad de países de altos ingresos, tan solo Estados Unidos, Corea del Sur y Palaos ―un archipiélago de Micronesia― no contemplan la baja por enfermedad en sus jurisdicciones laborales.
Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde Estados Unidos y Corea del Sur son los dos únicos países que rompen la tendencia general, muestran que tal y como cabe esperar este tipo de legislaciones tiene un impacto directo en las veces que los trabajadores se ausentan del trabajo. A pesar de estar enfermos o indispuestos, los empleados de EE.UU. y Corea del Sur continúan yendo a trabajar para no ver reducida su nómina a final de mes. Así, ambos países son los dos en los que menos días se falta al trabajo por enfermedad de media al año: 3,6 en Estados Unidos y 1,9 en Corea del Sur.







