La desigualdad climática o cómo los ricos contaminan mucho más y no sufren las consecuencias

El 10% de la población que más contamina genera la mitad de las emisiones globales, pero solo sufre un 3% de las pérdidas por el cambio climático
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Es evidente que no todos los seres humanos contribuyen de la misma manera al cambio climático. Por lo general, los habitantes de países desarrollados, con un nivel de vida medio más elevado, contaminan más que aquellos procedentes de países en desarrollo, que además suelen estar más expuestos a fenómenos climáticos extremos.

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De hecho, la brecha climática es tan grande que solo la élite global, el 10% de la población que más contamina —y que acumula cerca del 75% de la riqueza global—, es culpable de casi la mitad de las emisiones totales de CO2 a la atmósfera, mientras que la mitad más pobre contribuye con menos de una décima parte al total de emisiones. Así lo indican los datos del informe Desigualdad climática 2023, publicado por el World Inequality Lab, en el que se pone de manifiesto la desigualdad climática persistente, también llamada “gran brecha del carbono”.

El término brecha de carbono se refiere a la disparidad en los niveles de contaminación, pero también en las consecuencias climáticas o pérdidas relativas que cada grupo de renta experimentará.

En este sentido, el punto de partida es ya sustancialmente distinto dependiendo de la realidad socioeconómica que viva cada persona: las poblaciones más pobres suelen residir frecuentemente en zonas más expuestas a fenómenos meteorológicos extremos como áreas costeras desprotegidas, además de trabajar en sectores más expuestos al clima, como la agricultura o la construcción. 

Los grupos de menores ingresos también suelen poseer bienes materiales concentrados espacialmente, como ganado o tierras de cultivo, mientras que los hogares más ricos diversifican sus inversiones y sus ingresos son menos dependientes de sectores directamente afectados por catástrofes naturales. Esto significa que, aunque estén expuestos al mismo peligro, los distintos grupos de ingresos no sufrirán los mismos daños. 

El impacto de las catástrofes naturales en el mundo

De esta manera, si bien la mitad de la población mundial que solo acumula un 2% de la riqueza contribuye muchísimo menos al cambio climático, soporta una carga desproporcionadamente alta de pérdidas económicas relacionadas con la crisis climática, que se estiman en un 75% para este grupo. Mientras tanto, el 10% que más contamina solo sufre un 3% de las pérdidas relativas asociadas a este problema.  

La distribución de los daños climáticos se calcula teniendo en cuenta la vulnerabilidad o exposición directa a los efectos del cambio climático, pero también la capacidad financiera de los hogares para hacer frente a dichos daños. Así, la resiliencia climática —o capacidad de adaptación a las catástrofes relacionadas con el clima— en los hogares (y países) está estrechamente vinculada al ahorro y la riqueza de los mismos.

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Además, y como viene siendo habitual en los últimos tiempos, 2023 se ha convertido en el año más caluroso jamás registrado. El número de víctimas relacionadas con los desastres naturales y las temperaturas también han batido récords. Y si la brecha entre ricos y pobres era ya considerable, hoy es peor porque a ella se suma la crisis climática, configurando un círculo vicioso en el que el cambio climático agrava la desigualdad al tiempo que la desigualdad intensifica la crisis climática.

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