Antes de tomarte tu siguiente taza de café, párate a pensar lo que ha tenido que pasar para que el grano molido haya llegado hasta tu cafetera. Es probable que el fabricante del paquete no especifique el origen del producto, especialmente si lo has comprado en una gran superficie, pero es muy posible que tu café provenga de Brasil o Vietnam, proveedores de casi la mitad del grano verde que se comercializa en todo el mundo, según datos de 2022 de la FAO.
Si el producto final ha sido empaquetado en la Unión Europea, casi con toda seguridad el café habrá sido procesado —tostado o descafeinado, por ejemplo— en Italia, Alemania, Suiza, Países Bajos o Bélgica, los grandes intermediarios del comercio de café del mundo. Es ahí precisamente donde está el negocio: el tueste y la comercialización suponen hasta el 90% del precio final del café, mientras que los agricultores apenas reciben el 2,5%.
La exportación del grano está de hecho muy concentrada, y apenas diez países son responsables del 80% de las ventas: junto con Brasil y Vietnam, los líderes del comercio global de café son Colombia, Honduras, Indonesia, India y las propias Alemania y Bélgica, que aunque no son productoras manejan volúmenes importantes de café. Los más de setenta países productores, mientras tanto, se agolpan en el conocido como «cinturón del café«, una franja que se extiende a lo largo del ecuador y que se caracteriza por su clima suave y húmedo.
A pesar de ello, el consumo de este producto se asocia con un nivel adquisitivo alto, por lo que son los mercados de Europa y Norteamérica los que más café demandan y donde se concentra la industria procesadora. El aumento de la riqueza a nivel global ha provocado en este sentido un aumento del 75% en la producción del grano desde 1990, y el consumo sigue creciendo a un ritmo interanual de entre el 2% y el 2,5%.
El gran problema a futuro es el cambio climático. La planta del café es muy susceptible a eventos climáticos extremos y plagas, y la comunidad científica habla ya de una reducción del 50% de las áreas con condiciones óptimas para su cultivo de aquí a 2050. Mientras los productores tratan de crear hibridaciones más resistentes, la variedad robusta está llamada a aumentar su importancia en el comercio global de café en los próximos años.
Se trata de la especie más común junto con la arábiga —suponen el 40% y el 60% del comercio global, respectivamente—, y destaca por tener un sabor más amargo e intenso y casi el doble de cafeína y presentar una mayor resistencia a altas temperaturas y enfermedades, así como una mayor producción. Por eso, pese a ser considerada de menor calidad que la variedad arábiga y reservarse frecuentemente para el café instantáneo o mezclas de expreso, su demanda está llamada a aumentar.
En ese contexto, Vietnam será la gran beneficiada —es el primer productor de café robusta, que representa entre el 95% y el 97% de su cosecha—, aunque para ello tendrá que trabajar la popularidad de su producto, denostado aún por la mayoría de comercializadores.