“El sorteo que nos une”. El esperado anuncio de la lotería de Navidad de España cierra su edición de 2021 con una frase que apela a la tradición y al sentimiento nacional. Quizá, los mismos factores que han permitido funcionar a este sorteo de manera ininterrumpida desde 1812, hace más de doscientos años. La lógica no anima a participar —la probabilidad de que un décimo sea premiado es de apenas el 5%—, pero hay una regla no escrita por la que millones de españoles se lanzan cada Navidad a comprar boletos con la ilusión del primerizo. Es, no en vano, la segunda lotería en funcionamiento continuo más antigua del mundo, solo por detrás de la neerlandesa Staatsloterij, que data de 1726, y la primera que más dinero reparte si se tienen en cuenta todos sus premios.
Este año, al igual que en 2020, el organismo público Loterías y Apuestas del Estado ha emitido un total de 172 millones de décimos a un precio de 20 euros cada uno, de manera que el montante de las participaciones puestas a la venta es de 3.440 millones de euros. El año pasado se vendió el 75%, lo que equivale a una recaudación de 2.583 millones de euros, con un gasto medio por habitante de 55 euros.
El valor económico de todos los premios a repartir será de 2.408 millones de euros: el Gordo —nombre con el que se conoce el primer premio— tendrá una recompensa de 400.000 euros por boleto, mientras que el segundo premio recibirá 125.000 y el tercero 50.000. En total se sortearán 153.040 premios, incluyendo 99.999 reintegros, es decir, aquellos números cuya última cifra coincida con la del Gordo y a cuyos titulares —el 10% de los participantes— se les reembolsará la inversión realizada.
Todo ese dinero en premios supone el 70% de lo que recaudaría el Estado si se vendieran los 172 millones de décimos. Sin embargo, la tasa más jugosa para las arcas públicas viene después del sorteo, cuando los premiados con 40.000 euros o más deben devolver a Hacienda el 20% de la suma recibida.
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El ánimo recaudatorio fue, de hecho, la razón principal por la que se creó el sorteo hace ya más de dos siglos. En medio de la guerra de la Independencia española contra las fuerzas francesas, el Gobierno, arrinconado en Cádiz, pensó en la lotería como “un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes”. La propuesta fue aprobada en las Cortes Generales sin un solo voto en contra en noviembre de 1811 y en marzo de 1812 se celebró el primer sorteo.
Así, la conocida como “lotería moderna” —para diferenciarla de la “lotería primitiva”, instituida en 1763 por el ministro de Hacienda del rey Carlos III— fue extendiéndose por el resto del territorio español a medida que las tropas napoleónicas se retiraban.
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Con el paso de los años, la lotería de Navidad —nombre con el que se la conoce de 1892— fue afianzando su estructura y ganando más y más adeptos. Ni siquiera la Guerra Civil, más de un siglo después, detuvo su celebración —en 1938 se organizó un sorteo en Barcelona, del bando republicano, y otro en Burgos, del bando franquista—.
Su retransmisión en directo por primera vez en televisión en 1957 supuso un nuevo impulso para la lotería de navidad en España, que en 2012 acabó mudándose al Teatro Real de Madrid para dar cabida al creciente número de espectadores y periodistas que querían asistir a la celebración del sorteo.