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Macron, ¿un líder ecologista de verdad, o solo imagen?

Macron, ¿un líder ecologista de verdad, o solo imagen?
Emmanuel Macron durante una visita a la escuela politécnica. Fuente: École polytechnique - J.Barande (Flickr)

Tras la escalada de tensión que protagonizaron Emmanuel Macron y Jair Bolsonaro durante la cumbre del G7, el presidente galo se ha situado como el líder europeo más concienciado con el medio ambiente. Sus amenazas de bloquear el acuerdo entre EU y Mercosur para protestar contra el saqueo de la Amazonía muestran un Macron decidido a hacer del cambio climático el principal tema de su agenda política. Sin embargo, una parte de la población francesa lo acusa de promocionar una imagen internacional que no se corresponde con sus políticas internas.

Con la terrible oleada de incendios en la selva amazónica como escenario, Jair Bolsonaro y Emmanuel Macron intercambiaron acusaciones en Twitter a raíz de un comentario en el que el presidente francés instaba al G7 a tratar con urgencia la crisis de la Amazonía en la cumbre celebrada en agosto de 2019 en Biarritz. Macron incluso propuso un fondo internacional para ayudar a paliar los efectos de los incendios en la zona que no dependiera solo de los países en cuestión, puesto que Francia comparte la frontera más larga con Brasil en su departamento de ultramar, Guayana Francesa.

La respuesta de Brasil no se hizo de rogar: Bolsonaro recordó al presidente francés que este no estaría presente en la reunión puesto que el país amazónico no forma parte del G7 y lo tildó de “colonialista” por inmiscuirse en la política interna de un país. Además, se demostró que Macron había utilizado una fotografía que no se correspondía con los incendios del verano de 2019, sino que fue tomada al menos 16 años antes por el ya fallecido fotógrafo estadounidense Loren McIntyre.

Mapa de los incendios en el Amazonas entre el 15 y el 22 de agosto. Fuente: NASA

Este tira y afloja entre ambos líderes explotó en Biarritz, en agosto de 2019, cuando el líder galo amenazó con un posible bloqueo al tratado de libre comercio entre la UE y Mercosur si su homólogo brasileño no rectificaba sus políticas consideradas como antiambientalistas. En efecto, los incendios en la región del Amazonas aumentaron en verano de 2019 un 83% respecto a 2018. Las organizaciones ecologistas relacionan la catástrofe con el discurso de Bolsonaro, partidario durante el principio de su mandato de explotar las zonas selváticas en pro de la agricultura, y criticado por su postura racista contra las comunidades indígenas. De hecho, Macron dio otro golpe de efecto invitando al líder amerindio brasileño Raoni Metuktire a la cumbre del G7 para que pronunciase un discurso dirigido al resto de figuras políticas mundiales, días después de que las poblaciones del Amazonas brasileño se declarasen en estado de emergencia humanitaria. 

Para ampliar: “Deforestación y fuego en el Amazonas de Bolsonaro”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2019

Una decisión arriesgada para Francia

Tanto la Comisión Europea como Alemania recibieron con cautela las declaraciones de Macron referidas a un posible bloqueo de Mercosur, a quien se unió también Irlanda. Esta postura dificultaría la aprobación del acuerdo, puesto que es necesario que sea aprobado por el Parlamento Europeo, donde el grupo de Macron podría marcar la diferencia. El acuerdo con Mercosur, un hito histórico para América del Sur y Europa, vio la luz en junio de 2019 tras casi veinte años de intensas negociaciones entre ambas regiones. 

En total, los países europeos esperan ahorrar más de cuatro mil millones de euros anuales en aranceles, puesto que la mayor parte serán eliminados, y reforzar la seguridad alimentaria y de los consumidores. Además, el acuerdo llega en un momento en el que gana peso el proteccionismo de Donald Trump en Estados Unidos, que acaba de anunciar aranceles contra la Unión Europea. Salir u oponerse al acuerdo con Mercosur dificultaría aún más las relaciones comerciales entre ambos continentes.

Para ampliar: “¿En qué consiste el nuevo tratado firmado entre Mercosur y la Unión Europea?”, El Orden Mundial, 2019

Adoptando esta postura, Macron situó la protección del medio ambiente y la lucha por el cambio climático a la cabeza de su agenda política, y se (auto)proclamó definitivamente como el líder europeo más verde. En cambio, más de nueve mil franceses, pertenecientes a organizaciones no gubernamentales ambientalistas, se dieron cita en los aledaños de la cumbre del G7 para protestar contra las políticas del presidente francés. 

De manera no violenta, los manifestantes acudieron con fotografías de Macron colocadas del revés para denunciar que la imagen internacional del mandatario no se correspondía con su postura dentro de Francia. Este movimiento, llamado Decrochons Macron (‘Descolguemos a Macron’), propone tomar las fotografías del presidente de ayuntamientos o edificios oficiales como respuesta a la negativa del Gobierno de redoblar sus esfuerzos en la lucha contra el cambio climático, un decreto jurídico firmado por dos millones de franceses.

Los datos publicados por el Alto Consejo por el Clima, un organismo independiente compuesto por expertos y creado por el propio Macron en noviembre de 2018, demuestran que Francia no ha respetado su compromiso con el Acuerdo de París, firmado en 2015. Entre los objetivos a los que se comprometió el país galo figuran acciones como reducir las emisiones de carbono e implicarse activamente para prevenir o revertir las consecuencias del cambio climático. En cambio, los resultados tras cuatro años no son tan positivos como se esperaban: Francia, la segunda potencia económica de la Unión Europea, no ha logrado reducir sus emisiones en dos de los sectores más cruciales: el transporte y la vivienda. 

Mientras que Macron responde categóricamente a Donald Trump con su conocido “Make our planet great again” tras la deserción de Estados Unidos del acuerdo de París, el ministerio de Medio Ambiente francés no está resultando suficientemente efectivo. De hecho, el Gobierno galo no ha conseguido poner en marcha ninguna medida de peso durante el mandato de Macron. Sus cifras en cuanto a reducción de gases de efecto invernadero se sitúan por debajo de Italia, Alemania y Reino Unido, y de la media de la Unión Europea.

Por ejemplo, en su ley de transición energética de 2015, presentada para el periodo de 2016 a 2023, el Gobierno francés se comprometió a desarrollar un servicio de transporte limpio, en concreto, eléctrico. Así previó subvenciones de hasta seis mil euros para comprar vehículos eléctricos y añadir más puntos de recarga tanto públicos como privados. Cuatro años más tarde de su implementación, el transporte es todavía uno de los sectores más contaminantes del país, con más del 30% de las emisiones de carbono que emitió Francia en 2019

El Alto Consejo por el Clima achaca el fracaso del país galo en materia ecológica a la falta de una política climática fuerte y eficaz; tampoco los proyectos de ley sobre la movilidad urbana o urbanismo toman en cuenta los objetivos fijados en París en 2015. Según el estudio del Alto Consejo, Francia ni siquiera podría alcanzar la cuota del acuerdo en los próximos años si no se toman medidas inmediatas. Sus emisiones solo descendieron un 1,1% entre 2015 y 2018, lejos del 2,5% acordado, una cifra que debería descender dramáticamente si quiere alcanzar la cuota necesaria firmada para 2025.

Competencia y críticas 

A pesar de los discursos y los tuits de Emmanuel Macron a favor de la lucha contra el cambio climático, Francia ha perdido la delantera en Europa en cuanto a políticas medio ambientales. Reino Unido instauró en junio de 2019 su compromiso a alcanzar un objetivo de cero emisiones para 2050, siendo la primera potencia económica en anunciar una gesta tan ambiciosa. Francia aprobó una ley similar poco después, lo que permite anticipar una competición entre ambas potencias en materia ecológica.

Los países del norte global son los que más emisiones de CO2 por habitante emiten, Francia entre ellos.

Reino Unido, que ha sido un ávido consumidor de carbón desde la revolución industrial, consiguió por primera vez en 2017 pasar un día sin utilizar este combustible. La medida fue tan positiva que en 2018 alcanzó las mil horas ininterrumpidas sin carbón. Por el contrario, Francia ha empezado con peor pie. El Gobierno de Macron ya perdió a su ministro de Medio Ambiente en 2018 por sus desavenencias con la polícia del presidente. Nicolas Hulot anunció su partida en directo en la radio al considerar que las medidas adoptadas por Macron no eran sino “pequeños pasos”, insuficientes para crear un verdadero cambio. Las iniciativas de Hulot para prohibir el uso de glifosatos incluso fueron bloqueadas por el ministro de Agricultura, quien prefirió no oponerse a los agricultores y las empresas.

Hoy, la cartera de Medio Ambiente sigue viviendo tiempos difíciles. El nuevo ministro, François de Rugy, sustituto de Hulot, abandonó su cargo en julio de 2019 tras acusaciones de tomar fondos públicos para su uso personal. Este escándalo, unido junto a las críticas del anterior ministro, han puesto en tela de juicio a Macron frente a las numerosas protestas que ya enfrenta, protagonizadas por grupos críticos con su Gobierno como los chalecos amarillos

Estas protestas surgieron, precisamente, como respuesta al impuesto que Macron pretendía implantar sobre el combustible. Este tenía como objetivo disuadir a la sociedad de utilizar vehículos o máquinas que utilicen combustibles fósiles para reducir las emisiones de carbono a la atmósfera. Sin embargo, los chalecos amarillos se opusieron a la medida porque la mayor parte de la población francesa, y en especial la rural, no contaba con una alternativa a combustibles como la gasolina o el gasóleo. La propuesta de Macron fue finalmente retirada.

Para ampliar: “Los chalecos amarillos, la primera gran crisis de Macron”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2018.

El presidente francés también enfrenta críticas desde el otro lado del océano Atlántico. Las asociaciones indígenas le recriminan no respetar el territorio natural de Guayana Francesa, la única región francesa y europea en la selva amazónica y en América del Sur. El proyecto Montagne d’Or, una mina de oro diseñada por empresas canadienses y rusas, puso en peligro a numerosas poblaciones amerindias cerca de la frontera guayanesa con Surinam y Brasil. Alrededor de 1.500 hectáreas y más de dos mil especies de fauna y flora estarían en peligro por la construcción y por el vertido de sustancias tóxicas en la red fluvial. 

Tras más de un año de silencio, Macron se pronunció finalmente en contra en mayo de 2019, pese a sus titubeos anteriores, cuando llegó a considerar el proyecto como algo positivo. Esta decisión permite conservar la zona verde más grande bajo Gobierno europeo, donde el 90% de su territorio es selva virgen y su índice de explotación es mucho más bajo que el de su vecino Brasil. La especial preocupación del presidente por las políticas de Bolsonaro rechinó con el abandono que sufre el territorio de Guayana Francesa, pasto de la minería ilegal.

Para ampliar: “Las Guayanas, grandes desconocidas de Sudamérica”, Raquel Sánchez en El Orden Mundial, 2019

El último encontronazo del presidente francés fue contra la activista sueca Greta Thunberg, quien ante la ONU acusó a los líderes mundiales de no esforzarse lo suficiente contra el cambio climático y no pensar en el mundo que dejarán a los jóvenes. La reacción de Macron no tardó en llegar a través de la radio, donde declaró su disconformidad con el mensaje de Thunberg, pero las manifestaciones celebradas en septiembre de 2019 en 150 países le rebaten sus argumentos

Nombrado “Campeón Mundial del Medio Ambiente” por la misma ONU en 2018, Emmanuel Macron es celebrado por muchos a nivel internacional por sus fuertes discursos y su implicación como líder verde, pero su política ambiental en Francia vive horas bajas. 

Para ampliar: “La deforestación del Amazonas”, Teresa Rodríguez en El Orden Mundial, 2019