Bielorrusia se convirtió en un país independiente en agosto de 1991. Desde entonces, los bielorrusos han celebrado cinco elecciones presidenciales. En las primeras, en 1994, el ganador fue un joven político conocido por su discurso anticorrupción, Aleksandr Lukashenko. Lukashenko arrasó también, ya con los cabellos entrecanos, en las elecciones de 2001, recibió el 84% de los votos en 2006, y volvió a ganar en 2010, aunque este logro pierde un poco de brillo a la luz del arresto de siete de los nueve candidatos de la oposición. En 2015 tampoco hubo sorpresas: presidente electo, Aleksandr Lukashenko. Para entonces, un 5% de la base electoral del país había nacido ya durante el mandato del “último dictador de Europa”.
Ahora parece que bastaría con unir la línea de puntos para adivinar qué pasará en los comicios del próximo 9 de agosto de 2020. ¿O quizá no? Presentarse a las elecciones en Bielorrusia es fácil, sobre el papel: quien desee presidir Bielorrusia debe ser bielorruso, mayor de 35 años y sin antecedentes penales. En Bielorrusia hay casi cinco millones y medio de hombres y mujeres mayores de 35 años y, sin embargo, solo uno la ha presidido desde la caída de la Unión Soviética. Pero la política no es una progresión geométrica, y, con los líderes de la oposición encarcelados y más de 67.000 de contagiados por coronavirus, mantener el poder es cada vez más complicado para el primer y hasta ahora único presidente de la Bielorrusia independiente.
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