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Las campañas de esterilización, una herramienta de poder

Las campañas de esterilización, una herramienta de poder
Fuente: The groundwork of eugenics, Karl Pearson

La esterilización es un procedimiento que levanta mucha controversia, ya que se trata de un arma de doble filo: es un anticonceptivo barato y eficaz, pero también una herramienta que, usada de manera masiva, permite controlar literalmente el futuro de una población. Ya sea siguiendo criterios étnicos o económicos, la esterilización ha demostrado ser muy útil para ciertos intereses públicos y privados que han organizado múltiples campañas de esterilización a lo largo de los siglos XX y XXI dirigidas, principalmente, contra población pobre.

La esterilización es un proceso por el cual una persona pierde la capacidad física de procrear hijos de manera permanente, aunque no necesariamente irreversible. Se suele realizar a través de una intervención quirúrgica relativamente sencilla: ligadura de trompas en el caso de las mujeres, vasectomía en el de los hombres. Cuando se hace adecuadamente, se trata de una operación barata, segura y 100% eficaz, razón por la cual se trata del método anticonceptivo más popular entre las mujeres de todo el mundo.

Si es producto de una decisión libre y voluntaria, la esterilización trae consigo muchas ventajas. De hecho, entre las reivindicaciones del movimiento feminista se incluye garantizar el acceso libre y gratuito a esta práctica, ya que refuerza la autonomía de las mujeres al poder decidir si quieren tener hijos. Desgraciadamente, las cuestiones relativas al control de la natalidad no son un asunto exclusivamente demográfico o sanitario; también tienen un cariz geopolítico importante, ya que controlar la reproducción de una comunidad otorga un poder enorme para decidir su destino. La esterilización como herramienta de poder llevó al desarrollo de teorías y movimientos que tuvieron una gran influencia sobre varios gobiernos del siglo XX —incluidos algunos democráticos—, lo que impulsó campañas masivas de esterilización forzada contra su población.

El eugenismo y las esterilizaciones forzadas en Estados Unidos

El más importante de todos estos movimientos fue el eugenismo. Surgido al calor de la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin, fue precisamente un primo carnal de este, Francis Galton, el que teorizó las bases del movimiento sobre las ideas del darwinismo social. El eugenismo pretendía la mejora biológica de la especie humana de la misma manera que se da en la ganadería, mediante la selección de los “más aptos”. Esta selección se haría por dos vías: una positiva, promoviendo la reproducción de los “más aptos”, y otra negativa, que negaría la reproducción del resto.

El eugenismo se desarrolló de manera vertiginosa en la primera mitad del siglo XX, hasta el punto de ejercer una influencia significativa sobre algunos de los principales Gobiernos del momento. Las élites de países como EE. UU. o Alemania apoyaron fervientemente el nuevo movimiento mediante la financiación y la difusión de la propaganda del movimiento, que llegó a convertirse en un auténtico lobby con presencia dentro de los altos cargos políticos. Algunos de los principales eugenistas eran personalidades tan notorias como Graham Bell —impulsor del teléfono—, Theodore Roosevelt —26.º presidente de EE. UU.—, John Harvey Kellogg —creador de los famosos cereales— o Winston Churchill primer ministro británico, quienes apoyaron abiertamente la segregación racial y la esterilización de los “disminuidos psíquicos”. El problema es que esta definición se aplicaba a mucha otra gente sin problemas mentales o físicos, como afroestadounidenses, disidentes políticos o pobres en general.

Estado legal de la eugenesia en EE. UU. en 1935. En negro, los estados pendientes de aprobar una ley; rayados, los que ya la habían aprobado y realizaban esterilizaciones forzosas. Fuente: Universidad Estatal de Truman

Las primeras campañas eugenistas se llevaron a cabo durante la primera década del siglo XX en EE. UU. A través de la Oficina de Registro Eugenista, financiada por fortunas como Rockefeller, se realizó un estudio pormenorizado de la población estadounidense y su genética en busca de los genes perfectos. Los eugenistas pensaban que los aspectos físicos, mentales y morales eran hereditarios —factores como la pobreza o la criminalidad se consideraban genéticamente heredados de generación en generación— y, por lo tanto, aquellos que no se adecuasen a los principios eugenistas podían ser susceptibles de esterilización. Sus investigaciones fueron esenciales para la redacción de las leyes de esterilización que se implantaron en más de 30 estados. Estos estudios establecían un sistema de calificación que dividía a los individuos según su pedigrí genético para determinar cuáles debían esterilizarse y a cuáles se les otorgaba un certificado que garantizaba su pureza. Generalmente, los provenientes de ambientes pobres eran calificados como “no aptos” y en muchos casos no podían formar una familia tradicional, ya que en estados como Virginia el certificado eugenista era condición indispensable para contraer matrimonio.

Recorte del libro Rasgos raciales y tendencias del afroestadounidense (1896) que explica cómo diferenciar a las delincuentes negros por sus rasgos físicos. El libro fue muy influyente en la opinión pública del momento. Fuente: I am… Magazine

En la mayoría de los casos, las esterilizaciones se llevaban a cabo sin informar a las víctimas o bajo coerción. Aunque supuestamente estaban dirigidas a personas con problemas mentales o de convivencia, en realidad apuntaban directamente contra los pobres y las minorías étnicas, como la población latina, afroestadounidense o nativa. Mientras el presidente Roosevelt acusaba de “llevar la raza al suicidio” a las mujeres blancas que decidían esterilizarse voluntariamente, en estados como Carolina del Norte —uno de los que más impulsó las campañas eugenistas— el número de mujeres negras esterilizadas en campañas estatales suponía el 65% aun cuando la población negra no superaba el 25% en todo el estado. Algo similar sucedía en otros lugares, como California o Puerto Rico, en lo que ha sido una de las grandes atrocidades sin reparar de la Historia. Pero no es solo cosa del pasado: tan recientemente como en 2017 se descubrió que instituciones estatales estadounidenses ofrecían rebajas de penas de prisión a cambio de esterilizarse, lo que viene a rescatar aquel mito eugenista de la genética criminal.

Las grandes campañas de esterilización forzosa en el mundo

“Hay un Estado hoy en día en el que podemos apreciar levemente el comienzo de una mejor concepción. Por supuesto, no es la República de Alemania, sino los Estados Unidos”

Mi lucha (1925), Adolf Hitler

El caso de Estados Unidos influiría sobremanera en el desarrollo de las ideas de otro de los grandes eugenistas del siglo XX: Adolf Hitler. Hitler adoptó la teoría eugenista de la pureza de la raza y la llevó hasta otro nivel, optando por la esterilización masiva primero y por el exterminio después. La Ley de Esterilización de 1933 establecía la esterilización obligatoria de aquellas personas con “enfermedades hereditarias leves” o “de mente débil”, categorías tan amplias y difusas que incluyeron también a opositores al régimen nazi o miembros de las etnias gitana y judía.

Con el objetivo de eliminar cualquier gen impuro de la “raza aria”, entre 1933 y 1945 se esterilizó a alrededor de 400.000 personas, muchas de las cuales acabaron pasando por la cámara de gas. Era un volumen muy superior al de Estados Unidos, razón por la cual algunos eugenistas estadounidenses miraban con envidia a Alemania y declaraban que “los estaban ganando en su propio juego”. La campaña de Hitler continúa siendo la mayor de la Historia, pero ha habido varias que se le han acercado, algunas incluso durante el siglo XXI.

El Plan Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (PNSRPF) de Perú fue una iniciativa del presidente Alberto Fujimori en la década de los 90. El discurso neoliberal de Fujimori había prometido desarrollo y prosperidad, pero, viendo que las mejoras no llegaban, el equipo de Gobierno decidió fabricar sus propios datos favorables. Con el objetivo de reducir la población peruana pobre e incrementar así el PIB per cápita, el régimen de Fujimori ordenó la esterilización de aproximadamente 300.000 personas —el 90% mujeres—, especialmente durante el período de 1996 a 2001. Estas esterilizaciones se realizaron de manera velada, sin informar a las víctimas y sin consentimiento previo en aproximadamente el 90% de los casos, y afectaron especialmente a mujeres indígenas de las zonas rurales más devastadas por la pobreza y por el conflicto entre las autoridades y el grupo terrorista Sendero Luminoso.

Para ampliar: “El caso peruano de esterilización forzada. Notas para una cartografía de la resistencia”, Alejandra Ballón Gutiérrez, 2014

El PNSRPF contó con el apoyo de varias organizaciones internacionales, entre las que destacó la Agencia Estadounidense para la Ayuda al Desarrollo Internacional (USAID), que proporcionó gran parte del material utilizado para las esterilizaciones. Las consecuencias de estas políticas fueron terribles no solo en el aspecto demográfico o familiar; miles de mujeres sufrieron daños físicos y psicológicos irreversibles. Actualmente, continúa sin haber represalias jurídicas contra los responsables, ni siquiera contra un Fujimori que de todas formas acabó ingresando en prisión por otros crímenes contra la humanidad.

Mujeres peruanas marchan contra las esterilizaciones forzadas. Fuente: Edgar Ochoa Pezo (TW)

En Japón, país de origen de la familia Fujimori, también encontramos un historial preocupante de eugenesias. Entre 1948 y 1996 estuvo vigente la Ley de Protección de la Eugenesia, que en nombre de “un Japón mejor” autorizaba la esterilización de personas con discapacidad o enfermedades hereditarias por ser “inferiores”. Pero la ley ni siquiera se aplicó exclusivamente a estas personas: muchas vieron cómo se les diagnosticaba una enfermedad inexistente y acabaron esterilizadas. En total, se calcula que fueron esterilizadas 25.000 personas —dos tercios de ellas sin consentimiento—, a las que no se les ha ofrecido compensación o disculpa alguna.

Otro caso impactante es el de Suecia, país que hoy se vende como una referencia en la defensa de los derechos de la mujer. Durante más de 60 años (1935-1996), las autoridades suecas llevaron a cabo un programa de esterilización basado en teorías eugenistas por razones de “higiene social y racial”. Con el objetivo de preservar la “pureza de la raza nórdica”, entre 1935 y 1975 se practicaron cerca de 63.000 esterilizaciones, un tercio de ellas en condiciones forzosas o coercitivas, a las que se suman unas 166.000 con consentimiento hasta 1996. Para hacernos una idea del carácter de estas esterilizaciones, basta ver las reivindicaciones del instituto que dirigía el programa: allá por los años 30 y 40, el Instituto de Biología Racial de Upsala abogaba por la esterilización de gitanos, lapones y personas de “raza mixta”, que fueron los objetivos principales de la iniciativa. La práctica totalidad de las víctimas fueron mujeres, en su mayoría madres solteras o marginalizadas.

Estos son algunos de los principales casos de esterilización forzosa, pero no son los únicos. México, China, Uzbekistán, Suiza o la India demuestran que la eugenesia es un recurso que los Gobiernos no dudan en utilizar si lo creen necesario. A pesar de que el Convenio de Estambul prohíbe hoy la esterilización forzosa en Europa, son numerosos los casos que siguen saliendo a la luz en países como Francia, Reino Unido, España o Croacia. Existen incluso gobernantes elegidos democráticamente que no han dudado en alabar sus bondades, como el nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ferviente defensor de la esterilización de pobres y criminales.

Las esterilizaciones libres y el control poblacional

Hoy lo más normal es que las esterilizaciones se realicen con el consentimiento del afectado, aunque ello no signifique necesariamente que esa persona conozca plenamente los efectos de la operación ni que esté libre de coerción. Varios Gobiernos han considerado que la mejor manera de librarse de la pobreza es haciendo que no nazcan más pobres, sobre todo aquellos países que cuentan con mucha población y pocos trabajos dignos que ofrecer. En 2016 diversos países del África occidental se comprometieron a dedicar el 5% de su presupuesto nacional al control de la natalidad y así reducir a la mitad su tasa de natalidad actual para 2030.

En un mundo cada vez más mecanizado, donde se emplea cada vez menos mano de obra, mucha gente se ha convertido en prescindible laboralmente. Más personas y menos trabajo es un cóctel explosivo que puede saltar por los aires en cualquier momento; de ahí que algunos Gobiernos y organizaciones hayan decidido intervenir para prevenir ese estallido. India es el caso más representativo de esta política: desde los 70 ha llevado a cabo numerosas campañas que han recorrido las partes más pobres de la India ofreciendo esterilizaciones a cambio de regalos como teléfonos móviles o dinero en efectivo.

Iniciada por Sanjay Gandhi, hijo de la expresidenta Indira Gandhi, estas campañas han esterilizado a millones de personas en poco más de 40 años. Para alcanzar tal volumen de operaciones, el Gobierno destinaba en 2014 el 85% del presupuesto de Planificación Familiar a estas campañas, para las que contrató a miles de cirujanos que en ocasiones llegaron a realizar 13.000 intervenciones al año. La mayoría de estas operaciones se hacían en muy poco tiempo y sin garantías sanitarias suficientes, motivo por el que solo entre 2010 y 2013 murieron 363 mujeres.

Sin embargo, las mujeres continuaron acudiendo motivadas por el pago de hasta 1.500 rupias —unos 20 euros— por operación, lo que supone casi un salario mensual en algunas regiones del país, hasta que en 2016 el Tribunal Supremo dio tres años al Gobierno para cerrar los campamentos de esterilización por considerarlos un peligro para la salud de la población. A pesar de ello, las campañas continuarán con otra forma, ya que han resultado ser un éxito para los intereses del Gobierno. Actualmente, el 39% de las mujeres casadas —la gran mayoría provenientes de las clases con menos recursos de la India— están esterilizadas y son el principal foco de atención de un programa que en 2017 realizó el 93% de sus esterilizaciones en mujeres.

Para ampliar: “Esterilizados a cambio de un teléfono móvil: así extermina la India a sus pobres”, Miguel Á. Gayo Macías en El Español, 2017

La USAID y el interés detrás de las esterilizaciones

Muchas de estas campañas las llevaron a cabo empresas privadas y fueron financiadas por fundaciones extranjeras, algo bastante común en el caso de las esterilizaciones, forzadas o no. La misma USAID que financió el plan de Fujimori invirtió millones de dólares estadounidenses en la instalación de 60.000 campamentos en la India, pero su actividad no se limita a estos dos países. La fundación ha financiado con dinero público proyectos de esterilización y control poblacional en muchos de los países más pobres del mundo como parte de una política del Gobierno estadounidense para reducir la natalidad en las comunidades pobres. Las razones detrás de estas políticas son variadas, pero algunas de las más importantes son disminuir la inmigración extranjera —el mismo motivo que esgrimen países como Dinamarca para financiar campañas de control poblacional— y asegurar un mayor acceso a los recursos internacionales impidiendo que la superpoblación se traduzca en una lucha encarnizada por los recursos que perturbe las operaciones estadounidenses y la estabilidad de sus Gobiernos aliados. Actualmente, la USAID proporciona el 28% del presupuesto para anticonceptivos de los países pobres.

Países en los que interviene USAID. En azul claro se señalan los países prioritarios para la organización. Fuente: USAID

Además, existen otras fundaciones privadas que también aportan financiación millonaria a las campañas de esterilización. El Consejo de Población, fundado por J. D. Rockefeller, fue instrumental en la implantación de leyes eugenésicas en el Japón de la posguerra y en la aplicación de muchos programas de esterilización que redujeron la fertilidad de manera drástica en países como Taiwán y Corea del Sur, mientras que la Fundación Mumford ha realizado miles de esterilizaciones a mujeres pobres de todo el mundo con métodos altamente peligrosos y en algunos casos sin su consentimiento expreso. La Fundación Bill y Melinda Gates —codirigida por el fundador de Microsoft y su esposa y la mayor organización privada sin ánimo de lucro del mundo— también ha financiado actividades como los campamentos de esterilización de India y ha revelado su interés en controlar la natalidad de los países pobres, aunque en su caso generalmente opta por otros métodos anticonceptivos, como esterilizaciones temporales o abortos.

Repasando los casos, vemos que la mayoría de las personas esterilizadas encajan en un mismo patrón: suelen ser mujeres y pobres. Muchas de las víctimas provienen de ambientes muy pobres en los que no hay apenas alternativas para una vida mejor ni señales de que pueda haberlas en el futuro cercano, dado que son completamente prescindibles para el mercado laboral. Es difícil considerar estas esterilizaciones como plenamente consentidas cuando el dinero o los bienes recibidos a cambio de operarse supone algo más que un leve incentivo para estas personas: puede ser la diferencia entre comer o no ese día. A tenor del entusiasmo mostrado por algunos Gobiernos e instituciones del mundo hacia estos métodos, parece que la solución elegida ante la pobreza y la falta de oportunidades pasa muchas veces por erradicar a la generación siguiente antes que plantearse cambios estructurales en la gestión que puedan ofrecer un futuro mejor a esa población.

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