La tensión entre Ucrania y Rusia ha escalado en las últimas semanas a raíz de que Moscú aumentara su presencia militar a lo largo de la frontera. Según la Unión Europea, a principios de abril los efectivos rusos pasaron de 20.000 a más de 100.000 soldados mientras se reanudaban los combates en el Donbás, la región del este de Ucrania controlada por separatistas apoyados por Rusia. El Gobierno ucraniano no se ha quedado de brazos cruzados y ha movilizado sus efectivos en distintos puntos del país, aunque ya en febrero reforzó su despliegue de tropas y artillería en el frente.
Pese a las llamadas de la comunidad internacional a rebajar la tensión, Rusia y Ucrania mandan mensajes contradictorios sobre recuperar los acuerdos de paz de Minsk a la vez que de provocación y alarma de conflicto inminente. En este contexto, Ucrania ha vuelto a solicitar con urgencia ser admitida en la OTAN para, según el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mandar “una señal a Rusia”. Pocas semanas antes, en marzo, el Gobierno ucraniano aprobó una nueva doctrina de seguridad nacional, en la que se establece el objetivo de recuperar el Donbás y la península de Crimea, anexionada por Rusia, y se reitera la intención de ingresar en la alianza. Sin embargo, la OTAN no parece dispuesta a satisfacer esta petición.
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