La erupción de protestas populares ha puesto contra las cuerdas al Gobierno de Macron lanzándolo contra uno de los mayores retos que ha tenido que enfrentar desde que el presidente llegara al Elíseo. Más de 20 semanas después del inicio de las protestas de los chalecos amarillos y tras el “gran debate nacional” —una macroconsulta que pretende paliar el descontento social fomentando el debate a nivel local por todo el país—, la política francesa sigue sin pasar por sus mejores momentos. El gran debate no parece haber calmado a las corrientes más duras de los chalecos y la fecha de las elecciones europeas está cada vez más cerca, unos comicios que suponen una prueba para una política francesa en transformación. Desde partidos como La República en Marcha —o, simplemente, En Marcha—, de Macron, o la Agrupación Nacional (AN) de Le Pen, que han roto el eje tradicional, a las viejas glorias de la política tradicional, todos ven en los comicios europeos la previa a un trienio electoral que puede marcar un antes y un después en la política que Francia ha conocido.
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