“Pionera” define a la perfección la trayectoria política de Kamala Harris. La californiana, hija de una científica india y un economista jamaicano, se convirtió en la primera mujer racializada en convertirse en fiscal del distrito de San Francisco en 2004. Durante su campaña para reemplazar al fiscal progresista Terence Hallinan criticó su baja tasa de condenas, y hasta proclamó que “ser blando con el crimen no es progresista”. Sin embargo, una vez elegida abandonó esa retórica dura y no rompió radicalmente con el enfoque de su precedesor: Harris llegó a oponerse a los grupos policiales y a la poderosa senadora sénior de California Dianne Feinstein al no solicitar la pena de muerte para el asesino de un policía. En su discurso inaugural como fiscal de San Francisco, la pragmática Kamala Harris defendió que era necesario ser “inteligentes frente al crimen”, una declaración de intenciones que definiría toda su carrera.
La ley, un trampolín para la carrera política
Harris se convirtió en 2011 en la primera mujer fiscal general de California. Su mantra legal, detallado en su libro Inteligente frente al crimen, de 2009, hacía de ella una reformista de la justicia, alineada con el entonces presidente Obama y los demócratas en el Congreso de la época. Pese a ello, durante sus seis años como fiscal general protagonizó algunas controversias que han entorpecido sus ambiciones políticas.
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