El control por los islotes y arrecifes del mar de la China Meridional enfrenta a China con cinco países del sudeste asiático. No es para menos, pues la ruta comercial que pasa por sus aguas es la más valiosa del mundo: supone un tercio del comercio global, está valorada en 3,4 millones de billones de dólares anuales y su suelo marino guarda importantes reservas de hidrocarburos. Pero países como Filipinas deben conciliar esta disputa territorial con sus importantes relaciones comerciales con Pekín. Por ello el Gobierno filipino no ha reivindicado la sentencia internacional de 2016 que invalidó las demandas de China en la zona. En cambio, el entonces recién elegido presidente Rodrigo Duterte anunció que su intención era fortalecer las relaciones con el gigante asiático.
Esta decisión supuso un giro en la política exterior filipina, que ha dejado de lado su tradicional alianza con Estados Unidos para acercarse a China. Duterte se proponía conseguir inversiones chinas que estimularan la economía filipina sin recibir sanciones por las miles de víctimas de su guerra contra las drogas y la represión a la oposición, y sacar provecho del miedo de Washington a perder un histórico aliado en Asia. Sin embargo, a menos de un año de las elecciones generales en Filipinas de mayo de 2022, China ha cumplido pocos proyectos y ha incrementado sus incursiones navales en aguas filipinas, poniendo en cuestión el acercamiento de Duterte a Pekín.
Los barcos chinos se expanden por las aguas filipinas
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