El país que más pierde con la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria es sin duda Irán. Su Eje de Resistencia, la alianza de milicias proiraníes de Oriente Próximo, empezó a debilitarse tras el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 y ahora ha quedado tocado de muerte. Israel ha logrado quebrar a los aliados de Irán en Gaza (Hamás) y Líbano (Hezbolá), y hasta golpear al propio Irán. Perder Siria supone quedarse sin el centro de operaciones del Eje.
Perder el Eje de Resistencia va a obligar a Teherán a reconsiderar sus objetivos geopolíticos. El primer objetivo de la política exterior iraní es la supervivencia del régimen de los ayatolás. Hasta ahora, Irán usó el Eje de Resistencia para alejar las amenazas, pero los ataques de Israel han neutralizado esa defensa. Irán ya no puede permitirse proteger a sus proxies y no vinculará su futuro político a la supervivencia de estas milicias. Al contrario: se verá forzada a replegarse, perdiendo la influencia que había construido durante décadas.
Perder Siria parte el cordón umbilical con Hezbolá
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