El país que más pierde con la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria es sin duda Irán. Su Eje de Resistencia, la alianza de milicias proiraníes de Oriente Próximo, empezó a debilitarse tras el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 y ahora ha quedado tocado de muerte. Israel ha logrado quebrar a los aliados de Irán en Gaza (Hamás) y Líbano (Hezbolá), y hasta golpear al propio Irán. Perder Siria supone quedarse sin el centro de operaciones del Eje.
Perder el Eje de Resistencia va a obligar a Teherán a reconsiderar sus objetivos geopolíticos. El primer objetivo de la política exterior iraní es la supervivencia del régimen de los ayatolás. Hasta ahora, Irán usó el Eje de Resistencia para alejar las amenazas, pero los ataques de Israel han neutralizado esa defensa. Irán ya no puede permitirse proteger a sus proxies y no vinculará su futuro político a la supervivencia de estas milicias. Al contrario: se verá forzada a replegarse, perdiendo la influencia que había construido durante décadas.
Perder Siria parte el cordón umbilical con Hezbolá
Desde 2011, Siria había sido clave para mantener el Eje de Resistencia. Era la pieza central del esquema logístico Irán-Irak-Siria-Líbano, con el que Teherán enviaba ayuda a sus milicias regionales. Las Fuerzas Quds iraníes apoyaban a Asad con logística militar, inteligencia y seguridad, a cambio de paso libre por territorio sirio para proveer a Hezbolá y Hamás en Líbano y Gaza.
Con todo ello, Irán buscaba consolidar una estrategia defensiva frente a Israel. Bajo el paraguas de Irán, Hezbolá intervino en la guerra de Siria para apoyar a Asad en 2012, lo que además permitió abrir un frente contra Israel en los Altos del Golán. Este eje, diseñado por el general iraní Qasem Soleimani y el líder de Hezbolá, Hasán Nasrala —los dos asesinados por Estados Unidos e Israel en los últimos años—, ha llegado a suponer entre 30.000 y 50.000 millones de dólares de inversión iraní en Siria en los últimos trece años.

Sin embargo, con la caída de Asad, Irán pierde influencia en Siria y le será mucho más difícil mantener el apoyo logístico a Hezbolá. Israel ya no va a permitir la presencia iraní o de la milicia libanesa en el país. Antes del ataque de Hamás, el objetivo de Israel era frenar el flujo de armas iraníes a Hezbolá desde Siria. Pero a partir de octubre de 2023, el Gobierno israelí adoptó la doctrina del “pulpo” contra Irán, buscando destruir todas las ramas del Eje de Resistencia para debilitar al centro: Irán.
Israel empezó atacando el consulado iraní en Damasco el 1 de abril de 2024 y lanzando operaciones contra los líderes de Hezbolá, mientras castigaba a Hamás en la Franja de Gaza. La limitada respuesta de Irán dejó claro que los ayatolás no se arriesgarían a un enfrentamiento directo con Israel para proteger a sus milicias. Con el camino libre, Israel ha seguido diezmando a Hamás, ha descabezado a Hezbolá y está bombardeando Siria para acabar con la capacidad militar del país. También ha ocupado el monte Hermón, la montaña más alta de Siria, a cuarenta kilómetros de Damasco. El monte ofrece una cobertura ideal para una posible invasión israelí de Siria y controlar la ruta fronteriza entre Siria y el norte del Líbano, que da acceso al valle de la Becá, bastión de Hezbolá.
El último país donde Irán sigue siendo el más influyente
El propio Eje de Resistencia también se ha convertido en un problema estratégico para Irán. No es solo que tenga que dedicar recursos a financiar y proteger a sus aliados. La experiencia con Hezbolá en Líbano o Asad en Siria demuestra que apoyar a un solo actor en un territorio dificulta ampliar el apoyo en esos territorios. Ahora que Hezbolá está debilitado y Asad ha caído, Irán pierde su anclaje en Líbano y Siria.
El Eje de Resistencia también se ve debilitado por el papel de Rusia. Los objetivos de Teherán y Moscú en Siria siempre han sido diferentes. Para Irán, apoyar a Asad servía para disuadir a Israel. Para Rusia, el interés está en controlar la base naval de Tartús y la base aérea de Hmeimim. El futuro político de Siria no es una prioridad para Putin, quien puede establecer relaciones con el nuevo régimen sirio y forjar una relación pragmática con Turquía, nueva potencia en el país gracias a su apoyo a los rebeldes sirios. De hecho, Rusia no ha interferido en los ataques israelíes contra posiciones iraníes en Siria.
Sin embargo, salir de Siria supone una oportunidad para Irán de centrarse en Irak. A diferencia del Líbano y Siria, Irán tiene varias ventajas en este país. Teherán puede utilizar su influencia a través de partidos políticos, organizaciones y grupos militares, específicamente, las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, una amalgama de milicias proiraníes establecidas en 2014 que han intensificado sus ataques contra Estados Unidos e Israel desde octubre de 2023.
Irak siempre ha sido una prioridad para Irán por su larga frontera compartida, su mayoría de población chií y el papel de Estados Unidos en la historia reciente del país. La República Islámica buscará asegurar que Irak siga siendo dependiente en términos económicos y energéticos y se mantenga fuera de la órbita de Washington. Un claro ejemplo es el cargo de primer ministro: desde octubre de 2022 lo ocupa Mohamed Shia al Sudani, el candidato apoyado por Teherán.
El nuevo Irán: arrinconado, remilitarizado ¿y nuclear?
La quiebra del Eje de Resistencia, junto con la fortaleza de Israel y la vuelta de Donald Trump, pone a Irán en serios aprietos, por mucho que pueda conservar su influencia en Irak. Todo indica que Teherán va a optar por un repliegue regional y una línea más militarista para enfrentar la política de máxima presión de Estados Unidos y los avances de Turquía e Israel en Siria. Irán ya ha tomado medidas en esta dirección: va a triplicar el gasto en defensa y revisar su doctrina nuclear.
El impacto más evidente de este giro es el programa nuclear iraní, que vuelve a avanzar decididamente. El objetivo de Irán es mejorar su posición negociadora para conseguir un levantamiento de sanciones. Si este no llega, Teherán podría completar el desarrollo de la bomba. Las posibilidades de un acuerdo nuclear con Estados Unidos son mínimas: Israel y Trump ven el debilitamiento de Irán como una oportunidad para seguir presionando y quizá provocar un cambio de régimen en Teherán. Precisamente en 2025 se cumplen diez años de la firma del acuerdo nuclear, roto por Trump en 2018. Según el Wall Street Journal, el equipo de Trump estaría ya preparándose para bombardear las instalaciones nucleares de Irán.
Por si fuera poco, Irán tiene otro motivo para la incertidumbre: el líder supremo, Alí Jamenei, tiene 85 años, y su sucesión, sin candidatos claros, generará incertidumbre en la República Islámica. Por ello, la élite política y la Guardia Revolucionaria están centradas en la amenaza híbrida que representan Estados Unidos e Israel y en la economía para consolidar la unidad interna, mantener a la población alerta y ganar margen de maniobra. No es descartable que, tras la desaparición de Jamenei, la Guardia Revolucionaria refuerce su poder constitucional y se convierta en el principal actor político del país por delante del nuevo líder supremo: los garantes de la revolución en un contexto de inestabilidad política y repliegue geopolítico.





