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India, ese país espiritual y pacífico, cuyos habitantes viven en armonía… Es una imagen que está muy lejos de la realidad. Se trata de uno de los treinta países más violentos del mundo, según el índice de paz global de 2023. Tampoco sale bien librado en índices de hambre, corrupción o calidad democrática. Pero el culpable en gran medida de esa imagen utópica es el líder independentista Mahatma Gandhi. Sus campañas basadas en la resistencia no violenta lo convirtieron en un icono para los movimientos pacifistas de los años sesenta. En India también lo siguen venerando: según una encuesta de 2022, el 41% de los indios aún lo consideraban la figura histórica más importante del país.
Sin embargo, detrás de las apariencias hay una realidad más compleja. Organizaciones nacionalistas hindúes como la Asociación de Voluntarios Nacionales, o RSS, siempre han denostado a Gandhi. Tanto, que uno de sus militantes lo asesinó en 1948. Esta organización controla en la sombra al actual partido gobernante, el Partido Popular Indio o BJP, y tiene entre sus miembros al primer ministro Narendra Modi. Muy pocos cargos públicos se atreverían a criticar al “padre de la patria” en público, pero sí están empezando a reivindicar figuras que estuvieron enemistadas con él.
La historia como campo de batalla
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