Al Segundo Imperio francés solo le quedaba el prestigio de su nombre en 1868. Lo contrario le sucedía a Prusia, su rival en el continente. Por ello Napoleón III se opuso a la candidatura alemana al trono español. Ambos necesitaban un conflicto, él para restaurar la gloria imperial y Otto von Bismarck para completar la unificación alemana.
El canciller prusiano maniobró para provocar a Francia, que le declaró la guerra. La superioridad militar prusiana terminó con la derrota francesa en la batalla de Sedán y Napoleón III capturado. París se rebeló y proclamó la Tercera República francesa, que no evitó el sitio de las tropas prusianas. Sin embargo, la ciudad se levantó contra el Gobierno el 18 de marzo de 1871 y estableció la Comuna de París.
París: una olla a presión
La defensa principal de París no era el ejército regular, sino la Guardia Nacional, una milicia de 200.000 efectivos, pero de escaso valor militar. Influida por el movimiento obrero, se organizaba por barrios y percibía un sueldo básico en un París sitiado. No obstante, los fracasos militares del Gobierno por romper el cerco socavaron lo único que unía a la ciudad: el deseo de continuar la guerra contra el invasor prusiano.
Así, el Ejecutivo de Jules Favre firmó en enero de 1871 un armisticio en el Palacio de Versalles, donde poco antes se había proclamado el Imperio alemán, que supondría pagar reparaciones y entregarle Alsacia y Lorena. Se celebraron elecciones que dieron al nuevo Gobierno de Adolphe Thiers una mayoría conservadora, y el 1 de marzo los alemanes desfilaron triunfantes por las calles de París.
A principios de marzo, Thiers impuso medidas impopulares como la suspensión de sueldo de la Guardia Nacional, que generaron resentimiento entre los parisinos. Para el día 18 mandó al general Claude Lecomte a apoderarse de los cañones de la Guardia Nacional situados en los barrios obreros de Montmatre o Belleville. La olla de París estallaba.
Vive la Commune!
La ciudad se opuso a entregar los cañones, los soldados de Lecomte se amotinaron y el ejército regular huyó a Versalles, desde donde gobernaba Thiers. La Guardia Nacional aprovechó ese vacío de poder y tomó el control de París, celebró elecciones para legitimarse y el 28 de marzo constituyó un Consejo Comunal revolucionario y republicano para gobernar.
La Comuna de París aspiró a ser un Gobierno independiente al de Versalles. Pese a su brevedad, abolió el trabajo infantil, anuló las deudas de los alquileres, separó la Iglesia del Estado, prohibió la guillotina, adoptó la bandera roja y creó cooperativas, entre otras medidas revolucionarias. Además, las mujeres tuvieron un papel protagonista en la vida pública de una ciudad que inspiró a Marsella o Lyon, aunque con escaso éxito.
La “Semana Sangrienta” o el fin de la Comuna de París
Otro bombardeo y asedio sobre París comenzó en abril, pero esta vez desde Versalles. Tras un acuerdo con Thiers, Bismark liberó a los soldados franceses presos, que se sumaron al ejército del general Patrice MacMahon. El 21 de mayo entraron en la ciudad. Comenzaba la «Semana Sangrienta» que pondría fin a la Comuna.
Sin un mando unificado, la defensa de los communards cayó barrio por barrio. La represión fue implacable, mientras que la Comuna respondió ejecutando a sus rehenes e incendiando edificios gubernamentales. Los últimos focos de resistencia fueron aplastados el 28 de mayo: la Comuna de París había durado 72 días. Aunque no existe consenso, se estima que entre 10.000 y 20.000 communards murieron durante la Semana Sangrienta y las represiones posteriores. Por otro lado, muchas de las 40.000 personas arrestadas fueron encarceladas o deportadas a prisiones en territorios franceses de ultramar.
Entre la última revolución popular heredera de 1789 y la primera revolución proletaria, la Comuna de París ha servido como un mito fundacional de la izquierda. Para Karl Marx y después Vladímir Lenin sería la precursora de la dictadura del proletariado, la evidencia de que la autogestión obrera y la organización horizontal podían funcionar. Aspectos de la Comuna, como la emancipación de la mujer o una democracia más participativa también son un referente para movimientos de protesta actuales.