La revolución cubana de 1959, que derrocó al dictador Fulgencio Batista, tensó las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. A su llegada al poder, Fidel Castro nacionalizó las propiedades de empresas estadounidenses, como la telefónica o las producciones azucareras. Como respuesta, Washington rompió relaciones diplomáticas en 1961 e impuso un bloqueo económico que afectó a las exportaciones azucareras, fundamentales para la economía cubana. Esto llevó al Gobierno castrista a estrechar relaciones con la Unión Soviética, que se convirtió en su principal socio comercial.
En plena Guerra Fría, Estados Unidos entendió ese acercamiento como una amenaza a su seguridad nacional. Con el objetivo de recuperar sus intereses económicos y contener el avance del comunismo, el Gobierno de Dwight Eisenhower ordenó a la CIA que organizara el derrocamiento de Castro y estableciera un Gobierno provisional. Así, empezaron a reclutar y entrenar a exiliados cubanos anticastristas, que formaron la Brigada 2506.
Tras su elección como presidente en 1960, John F. Kennedy heredó el plan de una invasión con apariencia de iniciativa de fuerzas opositoras cubanas. Aunque no le convencía, decidió seguir adelante con algunas modificaciones: disminuyó el número de aviones de combate implicados y obligó a cambiar la hora y el lugar de la invasión, que pasó a ser la bahía de Cochinos, en el sur de la isla.
Bahía de Cochinos: el fracaso de una invasión
La estrategia estadounidense consistía en que los soldados anticastristas invadieran la isla y, con el esperado apoyo de la población, organizaran una resistencia que derrocara a Castro. Pero el plan fracasó desde el principio, algo que la CIA preveía, como desvelaron los documentos desclasificados en 2011. El 15 de abril de 1961, ocho aviones B-26 estadounidenses camuflados y pilotados por anticastristas partieron de Nicaragua para bombardear los aeródromos de Santiago de Cuba, San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad. Aunque dejaron siete muertos, no infligieron grandes daños, por lo que el Gobierno cubano pudo mantener sus capacidades militares y prepararse para un ataque.
Aun así, los planes de invasión continuaron. En la madrugada siguiente, 1.200 hombres de la Brigada 2506 desembarcaron en la bahía de Cochinos y en Playa Girón. Cuando apenas pisaban tierra firme, sin embargo, las fuerzas castristas los detectaron y se apresuraron a atacarlos. La Brigada a duras penas pudo resistir, ya que los refuerzos aéreos estadounidenses llegaron tarde y no contaron con el apoyo de la población civil. A los dos días ya habían sido vencidos y apresados. Estados Unidos trató de mantener el secreto, negando su implicación en la invasión, pero no tardaron en ser descubiertos.
Cuba se alinea con la Unión Soviética
La victoria cubana contra Estados Unidos reforzó a Castro y le acercó más a la Unión Soviética. Poco después de la invasión describió a su Gobierno y a la revolución como socialistas y marxistas-leninistas. El Kremlin vio entonces una oportunidad para instalar sus misiles balísticos nucleares cerca de Estados Unidos, que daría pie a la crisis de los misiles en Cuba de 1962. La decisión llevó a que los ejércitos de ambas potencias se encontraran en las costas cubanas, disparando el riesgo de una guerra nuclear.
Tras la retirada soviética y el establecimiento del “teléfono rojo”, una línea directa entre Moscú y Washington, la Guerra Fría entró en un periodo de distensión, pero las tensiones entre Estados Unidos y Cuba continuaron. El régimen cubano y el bloqueo económico se mantuvieron, así como la negativa estadounidense de devolver la base de Guantánamo, en su poder desde 1898. En cuanto a la Brigada 2506, la mayoría de sus hombres permanecieron detenidos durante un año en Cuba, hasta que los esfuerzos diplomáticos estadounidenses acordaron su liberación a cambio de 53 millones de dólares en medicinas y alimentos. Nueve de ellos no fueron liberados hasta décadas después, el último en 1986.