14 de noviembre de 1975

14 de noviembre de 1975: firma del Acuerdo Tripartito de Madrid

Mediante el Acuerdo Tripartito de Madrid, España cedió el Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania en 1975 tras la ocupación marroquí con la Marcha Verde. Sin embargo, la ONU no lo reconoce, ya que viola el derecho internacional, por lo que el Estado español todavía es la potencia administradora de un territorio en conflicto.
14 de noviembre de 1975: firma del Acuerdo Tripartito de Madrid
Rotonda en la ciudad de Dajla, ocupada por Marruecos en el Sáhara Occidental. Fuente: YoTuT (Wikimedia Commons)

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España aún conservaba sus colonias africanas en el siglo XX: Guinea Ecuatorial, el enclave de Sidi Ifni, los protectorados de Marruecos y el Sáhara Occidental. El dominio de estos territorios era clave en el discurso de los militares españoles, pero suponía un obstáculo para el reconocimiento internacional que buscaba el régimen franquista a mediados de siglo. Cuando el país entró en la ONU en 1955, aumentó la presión internacional a favor de la descolonización. El franquismo respondió convirtiendo las colonias en provincias, pero no funcionó a largo plazo.

Para 1970, España ya solo mantenía el Sáhara Occidental. Ante la movilización del pueblo saharaui, organizado en el Frente Polisario, el régimen accedió a celebrar un referéndum de autodeterminación. Sin embargo, la crisis interna del franquismo en 1975, con Franco a punto de morir, y el temor a enfrentarse con Marruecos, que reclamaba su soberanía sobre el territorio, aceleraron y desviaron el proceso. Finalmente, España cedió la administración del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania tras firmar con ellos el Acuerdo Tripartito de Madrid el 14 de noviembre de 1975. Así, abandonaba el territorio y al pueblo saharaui sin cumplir la promesa del referéndum.

Las presiones internacionales impulsaron la firma

Las tensiones de la Guerra Fría atravesaron el intento inicial de descolonización del Sáhara Occidental. Su localización estratégica y la riqueza en recursos como peces, fosfatos, hierro o arena despertaron el interés de Estados Unidos y Francia. Ambos también buscaban frenar la influencia en África de la Unión Soviética, que ayudaba a Argelia y al Frente Polisario, por lo que apoyaron los objetivos expansionistas de Marruecos, reafirmando unas relaciones que duran hasta hoy.

El entonces rey de Marruecos, Hasán II, se enfrentaba a una crisis socioeconómica que le llevó a sufrir dos intentos de golpes de Estado al inicio de los años setenta. Su solución fue potenciar el nacionalismo y recuperar la idea del “Gran Marruecos”, por la que reclamaba el Sáhara Occidental. Por su parte, Mauritania defendía la existencia de un “conjunto mauritano” que incluía el territorio saharaui. Aunque la Corte Internacional de Justicia les negó en 1975 cualquier derecho soberano sobre el Sáhara Occidental, Hasán II interpretó de forma interesada uno de los fragmentos para impulsar la Marcha Verde el 6 de noviembre. 

La Marcha Verde fue una movilización pacífica de la población civil marroquí para recuperar el Sáhara, pero que permitió a Marruecos ocupar militarmente el territorio desde entonces. España, a las puertas del cambio de régimen en mitad de una crisis económica y social, no podía asumir un conflicto con Marruecos, con quien mantenía una buena relación. Ante las presiones de Estados Unidos y Francia, que seguían de cerca la transición española, y la posibilidad de que el Sáhara cayera bajo control soviético, el Gobierno español decidió ceder la administración de la colonia a Marruecos y Mauritania. A cambio, se aseguró sus intereses económicos en la región hasta el punto de que Marruecos se ha convertido en uno de sus principales socios comerciales

La ilegalidad del acuerdo

El Acuerdo Tripartito de Madrid ha sido criticado por el secretismo y sus contradicciones legales a nivel nacional, pero sobre todo por violar el derecho internacional. Según la Carta de las Naciones Unidas, la descolonización debe llevarse a cabo mediante un referéndum de autodeterminación o, en su defecto, se cederá la administración a la propia ONU. En cambio, España transfirió su responsabilidad como potencia administradora de forma unilateral. Por ello, ni la ONU ni la Unión Africana reconocen el acuerdo.

El Frente Polisario también lo rechazó y, como respuesta, proclamó la República Árabe Saharaui Democrática, reconocida después por la Unión Africana y algunos países latinoamericanos y asiáticos, pero no por Naciones Unidas. Tras la ocupación del Sáhara Occidental, el Polisario le declaró la guerra a Marruecos y Mauritania, lo que llevó al pueblo saharaui a exiliarse a campamentos argelinos. Aunque Mauritania se retiró en 1979, la guerra con Marruecos continuó hasta la caída en 1991 de la Unión Soviética, que apoyaba al Frente Polisario. Con el mayor interés por finalizar esta guerra en el nuevo contexto internacional, la ONU impulsó un alto al fuego bajo la promesa de un referéndum para la autodeterminación de los saharauis y creó la Minurso, una misión de paz para garantizar este proceso.

El referéndum, sin embargo, sigue estancado por los obstáculos de Marruecos, que continúa ocupando el territorio y reprimiendo al pueblo saharaui. Ante la pasividad de la comunidad internacional, la guerra volvió a estallar en octubre de 2020, y dos meses después Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat hiciera lo propio con Israel. Mientras, España ha limitado su intervención a la ayuda humanitaria y ha eludido su responsabilidad como potencia administradora, dejando abierto el proceso de descolonización del territorio.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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