El 25 de abril es sinónimo de democracia en Europa y día nacional en Italia y Portugal. Ese día de 1945 los partisanos italianos liberaron Milán al grito de Bella ciao, poniendo fin al gobierno fascista de Benito Mussolini y la ocupación nazi de Italia. Justo veintinueve años después, la Revolución de los Claveles, iniciada con la Grândola, Vila Morena, derribó la dictadura portuguesa en Lisboa.
Ambas canciones comparten un destino: fueron un faro que inspira la búsqueda de la libertad y la lucha contra la extrema derecha. Desde entonces, las dos, himnos populares en cada país, se han cantado para reivindicar resistencia y justicia social, ya sea durante las manifestaciones en Lisboa contra los recortes de la Troika en 2013, o en los escraches del Movimento delle sardine en 2019 contra el líder ultraderechista italiano Matteo Salvini. Ahora, gracias a la serie La casa de papel, la canción italiana se ha convertido en un icono mundial y el tema portugués goza de una segunda vida.
La señal para la revolución
Doce horas bastaron para derribar la dictadura más longeva de Europa y terminar con el último imperio colonial de Occidente. Un grupo de oficiales del Ejército portugués, comandados por el teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho, dieron el golpe que terminó con el Estado Novo el 25 de abril de 1974. La ciudadanía, pese a la recomendación de quedarse en sus hogares, inundó las calles de Lisboa. Una multitud pacífica atrincheró en su palacio al último presidente de la dictadura, Marcelo Caetano, y convirtió a la ciudad en una fiesta con flores, abrazos y música. La insurrección triunfaba sin víctimas y casi sin oposición violenta.
Un mes antes, el Coliseo de Lisboa había acogido el concierto de Amália Rodrigues, una de las artistas más aclamadas de Portugal. Rodrigues tenía pensado incluir los temas Venham mais cinco y Menina dos olhos tristes, del cantautor José Zeca Alfonso, para terminar con su repertorio, pero la censura del régimen portugués había prohibido esas y otras canciones. La artista eligió entonces otro tema de Zeca para cerrar el espectáculo, Grândola, Vila Morena, que pese a su mensaje político más evidente no fue censurado. Entre los cientos de asistentes había militares del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), que eligieron la canción como señal para iniciar la revolución.
Unos minutos después de la medianoche del 25 de abril, tal y como se había acordado, la emisora católica Rádio Renascença emitió la canción. Era la segunda y última señal para que los militares, junto con la ciudadanía portuguesa, tomaran las calles e instituciones del país. A la mañana siguiente los claveles rojos inundaron Portugal.
De Eurovisión a las revueltas estudiantiles: otras canciones que lucharon contra la dictadura
El pasado 22 de marzo también fue un día histórico para Portugal: la democracia en el país ya sumaba más días que la dictadura, que duró 48 años. La fecha marcó el inició de las celebraciones por el cincuenta aniversario de la Revolución de los Claveles, donde la música ha sido una pieza fundamental. Incluso se ha compuesto un himno instrumental, O Governo do Povo (‘El Gobierno del pueblo’) como homenaje.
Otro golpe militar había acabado con la Primera República Portuguesa en 1926 y dio comienzo a un régimen autoritario y conservador, el Estado Novo, alineado con el franquismo español. Capaz de sobrevivir a la época de entreguerras, a la Segunda Guerra Mundial y a gran parte de la Guerra Fría, la dictadura portuguesa acabó cayendo por la presión ciudadana, el malestar con las guerras contra el independentismo en las colonias y a las divisiones en el Ejército.
Aunque Grândola, Vila Morena es la canción más reconocida en la izquierda portuguesa, no fue la única que se enfrentó a la dictadura. E depois do adeus, de Paulo de Carvalho, que había representado a Portugal en Eurovisión en 1974 quedando en las últimas posiciones, fue la señal de preparación de los militares lusos para tomar el poder. Otro tema importante fue Trova do vento que passa, de Adriano Correia de Oliveira, un himno de las revueltas estudiantiles. Estas canciones, y muchas otras, acompañaron a la ciudadanía portuguesa en las movilizaciones populares como cantos a favor de la libertad.
La casa de papel, una segunda vida para los himnos políticos
El éxito mundial de la serie española La casa de papel, con más de 6.700 millones de horas vistas, convirtió a sus actores en estrellas, permitió a su productora crecer más de un 400% e hizo iconos mundiales el famoso mono rojo y de la máscara de Dalí que visten los protagonistas. Junto a todo ello, las canciones que acompañan los capítulos han tenido un éxito que los propios artistas no se esperaban, sumando millones de escuchas gracias a la serie. Le ha ocurrido a Amaral con Cuando suba la marea o a Vetusta Morla con La Deriva. Incluso Berlín, uno de los personajes de la serie, tiene más repercusión en YouTube cantando Ti Amo que el propio autor de la canción, Umberto Tozzi.
Pero la estrella, sin duda, ha sido el himno antifascista Bella ciao, de la que surgieron versiones en decenas de idiomas y estilos. Desde la electrónica de Hardwell hasta el urbano de Becky G, el triunfador ha sido el español Manu Pilas, con más de 150 millones de reproducciones en Spotify. Lo mismo ocurre con la versión de Grândola, Vila Morena de Pablo Alborán y Cecilia Krull, ya más reproducida que la original.
¿Pervierte su mercantilización el significado político de estas canciones? La respuesta es no. La casa de papel no solo es una serie de gran éxito comercial, sino que tiene un claro mensaje político ligado a la resistencia contra el poder. La banda sonora, la vestimenta o el propio argumento están pensados para que los espectadores se sientan identificados con un mensaje revolucionario. Manifestantes por todo el mundo utilizan las máscaras de la serie en protestas e incluso diferentes Gobiernos autoritarios han pedido prohibirla. Ahora, la versión de Bella ciao popularizada en Ucrania en contra de la invasión rusa vuelve a mostrar cómo estas canciones están más vivas que nunca.






