Cuando Alemania se unificó en 1989 tras la caída del muro de Berlín, el Gobierno federal estaba liderado por el conservador Helmut Kohl, y a su lado en el gabinete se sentaba el FDP. Pese a sus altibajos, especialmente en los últimos años, el partido liberal ha sido fundamental en la historia reciente del país. Siempre ha llevado como bandera las políticas económicas y el libre mercado, y ahora pretende aprovechar un panorama político fragmentado para tener la llave del Ejecutivo que se forme tras las elecciones del 26 de septiembre, sea cual sea.
De sentarse en el Gobierno a desaparecer… ¿y volver con fuerza?
Los liberales alemanes llevan décadas en una montaña rusa. Cuando el socialdemócrata Gerhard Schröder ascendió al poder en 1998 tras un pacto con Los Verdes, el FDP pasó a ser un partido de oposición con poco más del 6% de los votos. Mientras la izquierda gobernaba durante dos legislaturas, el partido trató de rearmarse para volver a ser una fuerza decisiva, pero no lo consiguió hasta 2009, once años después de su salida del poder. Entonces se convirtieron en la tercera fuerza del Bundestag con 93 escaños y meses después en el socio de coalición de la CDU en un Gobierno dirigido por Angela Merkel. Los liberales volvían a tener la llave.
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