El Festival Internacional de Cine de Cannes, en Francia, se ideó con objetivos políticos, pero con el tiempo se convirtió en un faro mundial para el séptimo arte. Si bien la Exposición Universal de París de 1937 reafirmó al país como faro cultural, la Italia de Mussolini se había adelantado creando en 1932 el Festival de Venecia. A finales de la década, franceses, estadounidenses y británicos empezaron a mostrarse descontentos por la influencia de los Gobiernos fascistas de Italia y Alemania sobre la selección de películas en Venecia. Incluso en la edición de 1938 participó el ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels.
Como respuesta, miembros de la industria y la crítica cinematográfica le sugirieron al entonces ministro de Educación y Bellas Artes francés, Jean Zay, crear otro festival de cine internacional con sede en el país y sin influencias de Gobiernos. La idea se materializó en el Festival de Cannes, aunque hubo que esperar al final de la Segunda Guerra Mundial.
La guerra suspende el proyecto
Apoyado por el Reino Unido y Estados Unidos, que junto a Francia boicotearon a Venecia, Zay aprobó la propuesta para potenciar la imagen cultural francesa y contrarrestar la influencia del Festival de Venecia. Varias ciudades se postularon para acoger este nuevo “festival del mundo libre”, entre ellas Aix-les-Bains, Argel, Biarritz, Cannes, Ostende y Vichy. El comité organizador se decantó por Cannes, en la Costa Azul, por su clima mediterráneo, su industria hotelera, la rápida disponibilidad de una sala de proyecciones y la presión de los directores de los palacios. Cannes comenzó así a dotarse de las instalaciones necesarias para acoger proyecciones e invitados de todo el mundo en la primera edición de 1939.
Louis Lumière, uno de los inventores del cinematógrafo, aceptó presidir la primera edición del Festival de Cannes, programada del 1 al 20 de septiembre de 1939. Alemania e Italia rechazaron la invitación, que sí aceptaron Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS. Entre las películas extranjeras participantes se encontraban El mago de Oz o Unión Pacífico. En agosto, la productora estadounidense Metro-Goldwyn-Mayer preparó un buque transatlántico para llevar a las estrellas de Hollywood del momento, como Tyrone Power o Gary Cooper. Sin embargo, Alemania invadió Polonia y la nueva guerra en Europa y obligó a cancelar el Festival de Cannes en la jornada de su inauguración.
Arte y diplomacia: el Festival de Cannes comienza a brillar
Como la Segunda Guerra Mundial pausó el proyecto del Festival de Cannes, al final se inauguró el 20 de septiembre de 1946 con diecinueve países invitados. Además de reunir a los mayores creadores y estrellas del momento y de premiar las mejores películas de la temporada, Cannes pretendía fomentar las buenas relaciones diplomáticas entre los países participantes, que podían presentar sus propias películas y estar representados en el jurado. Sin embargo, el Festival se vio afectado por la Guerra Fría y decidió censurar algunas cintas, aunque después los organizadores tratarían de primar la calidad artística.
Las primeras ediciones del Festival de Cannes atrajeron a personalidades de la industria como Grace Kelly, Alain Delon, Kirk Douglas o Sophia Loren, y a grandes masas de turistas y miembros de la alta sociedad. A finales de los años cincuenta se creó el Marché du Film (‘Mercado de Cine’), un centro de negocios para que profesionales de todo el mundo se encuentren y amplíen su red de contactos o pacten la compraventa de derechos de películas. El Festival también ha destacado por reconocer la libertad de expresión y creación, luchando contra la censura de regímenes como el de Franco en España, durante el que directores como Luis García Berlanga, Luis Buñuel o Juan Antonio Bardem fueron premiados en Cannes.
75 años después de su inauguración, el Festival de Cannes sigue siendo un faro mundial para el séptimo arte. No solo da cabida a grandes estrellas, sino que ofrece una importante plataforma al cine de autor, independiente y emergente. Por otro lado, el Festival ha tenido que reaccionar ante movimientos como el #MeToo, por el que tomó medidas para promover la igualdad de género y evitar los abusos de poder. Asimismo, en su edición de 2021 otorgó por primera vez la Palma de Oro en solitario a una mujer directora e inauguró una sección dedicada a cintas de temática medioambiental.







