Política y Sociedad Europa

Feminismo romaní: esbozando la nueva mujer gitana en España

Feminismo romaní: esbozando la nueva mujer gitana en España
Cuadro de Fabián Pérez. Fuente: Anna Poulain

Las nuevas generaciones de gitanas se reinventan a sí mismas asumiendo los postulados feministas y encajándolos en la cultura romaní, que en algunos aspectos conserva densos tintes machistas. La lucha contra la doble o incluso triple discriminación —mujer, gitana y pobre— encabeza la lista de prioridades de este movimiento al tiempo que se recuperan referentes y se apoya a colectivos como el LGTB.

Se suele definir el feminismo como un principio o movimiento que busca la igualdad entre mujeres y hombres. Sin embargo, la casilla de salida para la consecución de esa igualdad es diferente según el contexto identitario, político o sociocultural al que pueda pertenecer una mujer. La última ola del feminismo ha permitido la revelación de la diversidad feminista y ha servido de altavoz para mujeres con demandas adicionales a las establecidas por la cultura y el discurso dominantes.

Si bien el feminismo defiende unas premisas comunes —contra el heteropatriarcado, principalmente, mediante metas relacionadas con la salud sexual, el empoderamiento femenino o su representación en la esfera pública—, existen grupos de feministas que cuentan con sus propias reivindicaciones. Es por ello por lo que en ocasiones se utiliza el término feminismos, en plural. Algunos de ellos tienen origen político, pero en general funcionan como catalizadores de las necesidades de las mujeres de grupos socioculturales concretos. El feminismo gitano o romaní forma parte de estos feminismos, al nivel del feminismo negro o el feminismo islámico, que de hecho consideran el feminismo blanco hegemónico paternalista y excluyente.

Lo cierto es que la mayoría de estos feminismos tienen una lucha común contra el solapamiento de las discriminaciones; a las situaciones de desigualdad a las que se enfrenta una mujer por el mero hecho de serlo, deben añadirse los prejuicios por razón de etnia, religión o condición de cualquier tipo. Es este precisamente el principal objetivo de las gitanas que se consideran feministas: la liberación de los prejuicios y estereotipos sobre su etnia y cultura, con especial atención al género femenino.

Racismo, pobreza y género

La comunidad gitana o romaní ha sufrido históricamente una fuerte discriminación, independientemente del país donde se estableciera. En el caso español, desde la llegada de los primeros grupos a la península ibérica hace 600 años hasta prácticamente el siglo XIX, se conserva poca documentación que haga referencia amplia y explícita a la comunidad gitana; no obstante, la existente es lo bastante clara como para confirmar una marginación y persecución continuas de la que hoy es la minoría étnica más numerosa en el país. Penas, castigos y expulsiones recayeron sobre el pueblo gitano hasta bien entrado el siglo XX, incluido este grupo durante el franquismo dentro de la Ley de Vagos y Maleantes como inherentemente vagos.

Para ampliar: “En la ‘casa común europea’ no hay sitio para los gitanos”, Marcos Ferreira en El Orden Mundial, 2015

En la actualidad, se contempla la reparación de daños por el periodo franquista. Además, la Estrategia Nacional para la Inclusión Social de la Población Gitana en España 2012-2020 ofrece las bases para crear políticas de inclusión favorables a los gitanos del país en términos de vivienda, empleo, salud y formación. El activismo gitano, que está bastante organizado, es el encargado de velar por la dignidad del pueblo romaní. De sus estudios y baremos se obtiene el dato de que en el Estado español viven entre medio millón y 750.000 gitanos, en su mayoría españoles, pero también provenientes de Europa del Este y Portugal. Sus trabajos también documentan y denuncian los casos de racismo, la imagen negativa que los medios de comunicación ofrecen de los gitanos o la dificultad para el acceso a la vivienda o a puestos de trabajo. La marginación está tan interiorizada que lleva a la exclusión —y autoexclusión— social, hasta el punto de que la mayoría de gitanos españoles viven en la pobreza.

Casos documentados de discriminación contra gitanos (2007). Fuente: Ministerio de Sanidad de España

Con respecto a las mujeres, conviene hacer un apunte: hay más posibilidades de ser pobre por ser mujer. Se trata de un fenómeno conocido como feminización de la pobreza que establece una relación clara entre la desigualdad de género y las situaciones de hambre o escasos ingresos económicos. Tiene lugar en todo el mundo y puede corroborarse en España —también entre la población gitana—.

En realidad, resulta complicado esbozar un perfil demográfico completo de la gitana en España, ya que apenas existen estadísticas; oficialmente, para el acceso a un centro educativo, un puesto de empleo público o el uso de la sanidad pública, es inexistente el registro por etnia. Las asociaciones han sido las encargadas de recabar algunos datos y muchas veces sus investigaciones funcionan como fuente de información única frente a una todavía incipiente literatura académica sobre el pueblo rom. Pese a todo, el perfil de la gitana nunca es único: las gitanas pueden tener enmarcadas sus vidas en contextos diversos en función de sus posibilidades y actitudes en relación con la educación, el trabajo e incluso el ámbito geográfico, sin perder de vista el rol de género que les adjudica su cultura.

La cultura gitana posee unas características que han pervivido a lo largo de los siglos. Uno de los pilares fundamentales de esta idiosincrasia es la familia: las redes de ayuda entre parientes y el respeto a las personas mayores que profesa la comunidad romaní son destacables. Sin embargo, la creación y el mantenimiento de una estructura familiar que se inicia con el matrimonio, a veces a edades tempranas, frena el avance de la mujer en la vida pública. Este detalle puede relacionarse con la alta tasa de absentismo escolar gitano, que se acentúa sobre ellas. Y, sin formación, se reducen las posibilidades de empleo y aumenta el riesgo de caer en situaciones de vulnerabilidad. La educación es, precisamente, una de las líneas de trabajo para el progreso de la comunidad gitana. Aunque existen pocos datos sobre las gitanas en España, algunos de ellos son bastante reveladores: del 2% del total de la comunidad gitana que en 2015 accedió a la universidad, un 80% son mujeres.

Por otra parte, lejos de pretender caer en tópicos como que la gitana es siempre sumisa —esta característica corresponde más a una concepción del amor romántico propia del patriarcado en general­­ y no específicamente gitano—, sí es cierto que la boda es la celebración familiar más importante para la comunidad gitana, por lo que en un principio forma parte de las aspiraciones de casi todas las gitanas desde su infancia. Otras metas, como continuar con sus estudios, son decisiones más personales. Esto no quiere decir que a ellas se les impida cursar una carrera universitaria o montar su propio negocio; es más bien cuestión de prioridades y del contexto concreto de cada mujer.

En cualquier caso, desde hace años, ellas están señaladas como las verdaderas propulsoras de la transformación de su comunidad. Dentro de ella, las gitanas jóvenes, trabajadoras y solteras o separadas apoyan valores de corte más moderno, sobre todo respecto a la situación laboral o la educación. Las percepciones y expectativas sobre la situación de la gitana ya varían entre generaciones de mujeres con apenas 30 años de diferencia. La edad preferible para contraer matrimonio, la importancia de la educación o la lucha contra prácticas machistas como el reparto de las tareas del hogar reflejan tendencias de cambio, especialmente entre las nuevas generaciones. Sin embargo, la cultura gitana les atribuye a ellas un papel de custodia de la tradición que sigue presente.

Para ampliar: “Cuando las payas estaban en casa cuidando a sus hijos, las mujeres gitanas ya trabajaban fuera”, Teresa López Pavón en El Mundo, 2018

Un carácter propio

Si bien hoy día se habla de contextos múltiples de la gitana, a lo largo de la Historia su imagen se ha estereotipado y ha construido una concepción que pervive en la actualidad. La transmisión de saberes propios de su cultura y la fuerte vinculación con la música y el baile nunca pasaron inadvertidos a la sucesión de gobernantes y personajes influyentes de la España de la Edad Moderna, y eso afectó decisivamente a las mujeres. Durante la Inquisición, casi la totalidad de personas de etnia gitana acusadas fueron mujeres; en concreto, 115 de los 168 procesamientos de gitanos. En la documentación perteneciente a esos años se encuentran varias referencias específicas a las gitanas:

“públicas rameras, comunes (a lo que se dice) a todos los Gitanos, y con bailes, ademanes, palabras y cantares torpes hacen gran daño a las almas de los vasallos de V. Majestad […]. Son vagantes, habladoras, inquietas, siempre en plazas y corrillos, etc.”

Restauración política de España, Sancho de Moncada

Es en el siglo XIX cuando, de la mano del Romanticismo, las gitanas —especialmente las andaluzas— se convierten en exóticas fuentes de inspiración para artistas, intelectuales y viajeros. Mientras que algunos textos, escritos bajo una perspectiva etnocéntrica y machista propia de la época, alaban la belleza de la gitana, otros recogen detalles de las gitanas: “Libre en sus acciones, en su porte y en sus placeres, habla, grita, hace más gestos que el gitano”; “Seres mucho más notables que los hombres… La audacia, penetración y sutileza de algunas mujeres de éstas son verdaderamente prodigiosas”

La gitana española se resistió a las prácticas católicas dominantes, que imponían un comportamiento sumiso de la mujer. Esto ha sido interpretado en ocasiones como un feminismo precoz, pero es más probable que se ciñera simplemente al mantenimiento de la cultura romaní. De hecho, es posible que muchas de estas descripciones sean una exageración o idealización más que un fiel reflejo de realidad. En cualquier caso, el carácter propio de las gitanas que ha quedado referenciado en la Historia ayuda a la reconstrucción de valores positivos, como la tenacidad o la perseverancia, para su empoderamiento.

Feminismo y gitanidad

Cartel de Cristina Jiménez Jiménez para la AGFD. Fuente: AGFD

Ya en la actualidad, el abordaje desde el feminismo romaní de cuestiones como la integración de la mujer en diferentes ámbitos pasa por la exposición de referentes, anécdotas rescatadas de la Historia del pueblo gitano o ejemplos de gitanas actuales que representan el equilibrio entre libertad personal y valores gitanos. La conquista del espacio público y el empoderamiento femenino se inspiran, por tanto, en gitanas que han conseguido un desarrollo profesional o personal, muchas de ellas universitarias, empresarias o con cargos de responsabilidad, sin renunciar ni perder su esencia gitana. De igual manera, el activismo por los derechos de la comunidad gitana ha tenido en cuenta la situación de las mujeres incluyéndolas en su objeto de estudio, haciéndolas partícipes y apoyando sus aspiraciones de progreso.

Para ampliar: Entrevista a la abogada gitana Sara Giménez, El Intermedio, 2018

Los mensajes que defienden la compatibilidad del feminismo gitano con los valores tradicionales y que animan a las gitanas a librarse del miedo a perder su identidad romaní se sirven de asambleas, congresos o conferencias —como los organizados por la Fundación Secretariado Gitano o la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad—, pero también plataformas digitales y medios de comunicación. Además, el feminismo romaní tiene perspectiva internacional: la intersección de identidades ha promovido un punto de encuentro entre gitanas de toda Europa que las fortalece como grupo, especialmente a la hora de aunar esfuerzos para la denuncia de casos como las esterilizaciones forzosas de gitanas en República Checa y Hungría.

La producción activista y cultural del feminismo gitano tiene lugar en espacios propios creados por la comunidad gitana, pero también externos —no sin críticas—. El feminismo hegemónico, blanco y occidental, ejerce en ocasiones como altavoz de los mensajes de su equivalente gitano y hace gala de actitudes inclusivas. Pero, independientemente de la ideología, etnia o religión, si hay un grupo transversal y muy activo en el movimiento feminista, es el lésbico. No es diferente en el caso del feminismo gitano, dentro del cual existe una aceptación general de los colectivos LGTB. Nombres propios como la percusionista lesbiana La Negri o la joven trans Jennifer Escobedo demuestran que los problemas con los que se han encontrado a la hora de hacer pública su orientación o identidad sexuales o de género son los mismos —generalmente más— que los de una persona paya.

Tráiler de Carmen y Lola, película de Arantxa Echevarría sobre la relación entre dos gitanas.

Retos pendientes

Caben pocas dudas de que el feminismo es un movimiento vivo, y el romaní, además, se encuentra en plena efervescencia. Pero la doble pertenencia a grupos víctimas de discriminación —mujeres y gitanas, a lo que hay que añadir una mayor propensión a la pobreza— conlleva también el enfrentamiento de un doble patriarcado: el predominante en la sociedad occidental y el de su propia cultura. Prácticas gitanas como la prueba del pañuelo, en la que la mujer debe demostrar su virginidad, forman parte del momento más importante de una boda gitana y están cargados de simbolismo y emoción, pero coartan su libertad sexual. El luto o los matrimonios a edades tempranas —cada vez menos comunes— son otros elementos sobre los que reflexionar.

La apertura de un debate en torno a estos elementos sin miedo a una resta o el rechazo dentro de la comunidad —“ser menos gitana”— indicaría un alto grado de madurez del movimiento feminista gitano a cambio de la reconstrucción de una nueva identidad gitana. Sin embargo, son las propias gitanas las únicas que pueden marcar el camino hacia el que se dirigen sus objetivos. Ya existen voces que ponen en duda prácticas tradicionales y las descartan como elementos fundamentales para la identidad gitana, pero también aún son minoritarias. Por el momento, el movimiento feminista gitano continúa caminando a la par que su pueblo, centrado en los avances por la inclusión total, el destierro de estereotipos o la educación formal.

El equilibrio entre la mujer feminista y la mujer gitana es el principal desafío al que se enfrenta el feminismo gitano. El sentimiento de pertenencia es tan fuerte que posicionarse en uno de los grupos solamente suele resultar imposible. La continua apelación a la diversidad de las gitanas es el primer paso para comprender su realidad y, en general, parecen estar dispuestas a asumir los detalles contradictorios y eliminarlos de su lista de prioridades o aplazarlos en sus agendas. Porque, al final, el movimiento feminista gitano en España se está centrando en otras metas: la proyección de una imagen de las gitanas más moderna, libre, empoderada, que progresa y que además se encarga no solo de la consecución de sus propios objetivos, sino de un objetivo común que beneficie a toda su comunidad.

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