Ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia quieren otra guerra en Oriente Próximo

Una guerra entre Irán e Israel perjudicaría a las principales potencias internacionales. Estados Unidos quiere salir de la región y evitar otro conflicto en año electoral, China teme el impacto en el petróleo y en su estrategia de mediador, y Rusia está condicionada por su estrecha relación con Irán.
GeopolíticaOriente Próximo y Magreb
Ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia quieren otra guerra en Oriente Próximo
Fuente: Wikimedia Commons

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Escucha este artículo

Suscríbete por solo 5€ al mes

El ataque de Irán a Israel el pasado 13 de abril ha encendido las alarmas sobre una posible guerra regional en Oriente Próximo. Teherán atacó por primera vez territorio israelí después de que Tel Aviv bombardeara el consulado iraní en Damasco y asesinara a siete personas, incluidos tres altos mandos militares. El anuncio de una respuesta del Gobierno israelí ha provocado la reacción de las principales potencias internacionales. Estados Unidos ha advertido que no participará en un contraataque y ha pedido contención al primer ministro Benjamín Netanyahu. Rusia y China se han unido a Washington llamando a la moderación.
El inédito consenso entre las tres potencias refleja una realidad clara: a ninguna le interesa una nueva guerra regional en Oriente Próximo. A todos les preocupan las implicaciones económicas y de seguridad que tendría un conflicto directo entre Irán e Israel. Sin embargo, detrás de esas inquietudes se esconden motivaciones individuales. Para Washington, Pekín y Moscú, la escalada de tensión en la región desafía ante todo sus propios planes geopolíticos. Esas reticencias hacen menos probable a priori que la guerra estalle.
Estados Unidos quiere salir de Oriente Próximo
Estados Unidos lleva años queriendo distanciarse de Oriente Próximo para centrarse en su competencia geopolítica con China. La región ha sido el principal foco de la política exterior estadounidense desde el final de la Guerra Fría. Su presencia militar se intensificó a raíz de los atentados yihadistas del 11 de septiembre de 2001, que desencadenaron la guerra contra el terrorismo. Sin embargo, el fracaso de sus intervenciones en Afganistán, Irak y Siria han disuadido a Washington de implicarse directamente en otro conflicto regional.
A Estados Unidos le preocupa que una guerra entre Israel e Irán desestabilice la zona, favoreciendo un repunte de Dáesh y empujando a Teherán a desarrollar armas nucleares. Del mismo modo, teme que esta escalada dispare los precios del petróleo y del gas. O...

Si quieres seguir leyendo este artículo, suscríbete a EOM. Lo que pasa en el mundo te afecta; comprenderlo es más necesario que nunca.

Suscríbete por solo 6€ al mes

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.